Un boceto… y una canción
Latido… latidos y más latidos.
Muchos latidos, mientras cae el sol
en el poniente.
Pensé en escribir un puto poema
y solo pienso en los latidos,
en la arteria carótida explotando,
en la sangre latiendo su pequeña revolución
en la mano, en las venas.
Pensé que la tinta no tiene corazón
y que el papel hasta la memoria olvidó.
Y esos latidos en la sien,
en mis paredes craneales
me dicen que hay más… que hay latidos.
Jodido es que de espaldas, medio muertos
no las sintamos. Más jodido es
que nuestros oídos apenas oigan
la canción del viento
cimbreante con sus latidos.
Latidos, arterias, venas y siembra.
Latido de espuma, agua y sal,
agua viva y marea.
Latidos que gritan desde el abierto miocardio
con una voz arrítmica, extraña migración
de gaviotas y golondrinas.
Latidos con gusto a yerba mate,
coca mascada y tabaco.
Latidos de potrillos salvajes
cruzando la selva
como herraduras colgando del pecho.
Es que… ¿quién no se ha ahogado
en un mar furioso de latidos?
Y a su vez, ¿quién no sufrió
un calambre en la rompiente
y fue rescatado por un latido?
Latidos… esos que discuten la muerte
y nos sacuden de la siesta
para que nunca más soportemos
la miseria de la afonía.
Esos latidos que
para muchos resultan aberrantes
y son simples latidos.