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El miedo

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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
si lloramos desolados
el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
 
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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
si lloramos desolados
el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
Has completado "el grito" con tus versos . Sin duda Munch hubiera revivido su inspiradora visión leyéndolos. Y, de paso, cuan actual...
Lamentablemente el mundo se está convirtiendo cada vez mas en un lugar aterrador.
Un abrazo.
Luz
 
Estimada Isabel,

Has creado un poema magnifico inspirado en las emociones que nacen de la anécdota del cuadro que muestras, pero lo has llevado mas allá en un atisbo intimista a todas esas facetas del miedo que nos acompañan desde que nacemos.

Me gusta el manejo tan propio del lenguaje, la justa cantidad de imágenes poéticas embellecidos con esa rima arromanzada que le da mucha pulcritud a tu poema.

Saludos y felicidades de nuevo por tu inspiración.

Javier
 
Has completado "el grito" con tus versos . Sin duda Munch hubiera revivido su inspiradora visión leyéndolos. Y, de paso, cuan actual...
Lamentablemente el mundo se está convirtiendo cada vez mas en un lugar aterrador.
Un abrazo.
Luz
Gracias Luz por acercarte a leer. El miedo con el que nacemos y con el que morimos. Pensar que ,ahora mismo, hay niños que están padeciendo el terror de la guerra.
¿Quién puede estar preparado para eso?
Si, el mundo, sin duda, es cada vez más, un lugar aterrador .
Hemos vivido una pandemia inimaginable...la aceptamos con todas sus limitaciones y con la muerte haciéndose dueña de nuestras ciudades.
En fin Luz, uno tiene miedo a encender el televisor, la radio, etc... cada mañana, miedo a oír las noticias.
Gracias por tu mirada generosa y tu huella.
Un abrazo
Isabel
 
Estimada Isabel,

Has creado un poema magnifico inspirado en las emociones que nacen de la anécdota del cuadro que muestras, pero lo has llevado mas allá en un atisbo intimista a todas esas facetas del miedo que nos acompañan desde que nacemos.

Me gusta el manejo tan propio del lenguaje, la justa cantidad de imágenes poéticas embellecidos con esa rima arromanzada que le da mucha pulcritud a tu poema.

Saludos y felicidades de nuevo por tu inspiración.

Javier


Muchísimas gracias Javier, por acercarte a leer, por tu generosa opinión y por tu huella en este espacio.
Una suerte tu presencia.
Un cordial saludo
Isabel
 
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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
si lloramos desolados
el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
El miedo duele tanto que a veces se siente. Muy expresivo tu poema, estremece. Un gusto leerte. Luciana.
 
el miedo es una sensación natural, isinha. es un mecanismo que en algún momento perdido en la sombra, tuvo su utilidad. y aún la tiene. y eso está bien isinha.

el ser humano muchas veces continúa perdido en las sombra, pero a pesar del miedo, somos fuertes. y debemos usar esa fuerza en la casa de los murciélagos, ante los señores de xibalbá.

y si se tiene que gritar, se grita isinha.

salud a vos.
 
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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
si lloramos desolados
el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
Nadie está libre de esa sensación así que es mejor estar alerta y dispuesto a superarla.
Un beso, Isabel.
 
el miedo es una sensación natural, isinha. es un mecanismo que en algún momento perdido en la sombra, tuvo su utilidad. y aún la tiene. y eso está bien isinha.

el ser humano muchas veces continúa perdido en las sombra, pero a pesar del miedo, somos fuertes. y debemos usar esa fuerza en la casa de los murciélagos, ante los señores de xibalbá.

y si se tiene que gritar, se grita isinha.

salud a vos.
Así es Charlie, a veces no sabes no terminas de entender por qué un bebé acabado de nacer, se asusta mientras duerme y llora y tiembla, te preguntas, de dónde ese terror...
Gracias, ya sabes que tus comentarios siempre son valiosos para mi.
Y si, es cierto, "si se tiene que gritar se grita"...
Salud, Charlie
Isabel
 
Última edición:
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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
si lloramos desolados
el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
si lloramos desolados
el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
Arte puro, Isabel. Tanto la pintura como tus versos. Me encantó.
Abrazo fraternal.
 
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El grito Edvard Munch, 1893

Aterrador es el grito
que al nacer ya nos impacta,
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el miedo nos amamanta

y aunque siembres los caminos
de ilusiones y esperanzas,
el temor las va truncando
con sus infinitas trampas.

El miedo es un monstruo oscuro
que va corroyendo el alma,
el sicario de los sueños
que los aborta, los mata.

Le tengo miedo al silencio
y también a la palabra,
al silencio que es desdén
y a la palabra que ultraja.

Me asusta la larga noche,
pero más me arredra el alba
cuando no me quedan fuerzas
para afrontar la mañana.

Tiemblo al pensar si tus ojos
me esquivarán la mirada,
si me negarás tres veces
antes de la madrugada,
si avivará tu traición
al tigre de la venganza
que destruirá de un zarpazo
mi tierna gacela blanca.

Temo a la guerra en los niños,
al machismo y sus matanzas,
a las fronteras del hombre
que con cuchillas se alzan;

al silencio de las aves
que huyeron en desbandada;
grita la naturaleza
que agoniza derrotada.

Pero aquello que más temo,
lo que de verdad me espanta,
es lo aterrador que el mundo
luce desde mi baranda.





Existe un diario escrito por Munch en 1892 donde nos detalla su inspiración para este cuadro...

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”
Qué manera la tuya de rozar muchos de los miedos, querida Isabel, plena de sensibilidad y belleza.
Me ha gustado muchìsimo, Isabel.
Un abrazo con cariño y admiración.
Eva
 
Qué manera la tuya de rozar muchos de los miedos, querida Isabel, plena de sensibilidad y belleza.
Me ha gustado muchìsimo, Isabel.
Un abrazo con cariño y admiración.
Eva
Mi querida Eva, no sabes como te agradezco tus palabras, porque si hay una poeta cuya poesia merezca esos calificativos que me dejas aquí "plena de sensibilidad y belleza" esa eres tú.
Un abrazo con el cariño y la admiración de siempre.
Isabel
 

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