Calles rugosas

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa
Las calles se vuelven elásticas cuando me escapo de los recuerdos,

escalo sigiloso en los cristales que encontré en tu mente y me arriesgaré a caer.

La noche está queriendo acercarse rápidamente por el sur de tu cuerpo.

La imagen me lleva velozmente sobre el aire espeso de la oscuridad, me espera allí la búsqueda

de sonidos disonantes de una angustia que aún no llega.

La caída hacia el infierno me asfixia lentamente y la imagen del mundo se vuelve rugosa,

el frío y la velocidad hacen que se hunda la carne dentro de los huesos.

Desvanecía y creí ver al espejo de tu cuarto acercarse en la caída, parecía tener brazos,

creo que intenta rescatarme. Cerré los ojos y me dejé sustraer en la profundidad de su cristalinidad.

Desperté y caminabas hacia a mí con un poco de helado, bella como siempre, te sentaste junto a mí.

Sentí como se derretían mis huesos y rápidamente me convertí en agua nieve y fui estalactita.

Flashes de pasillos oscuros, sensaciones esotéricas y gritos esquizoides como en un disco de Utarm,

me transportan hacia un infierno extremo exento de vida y de pronto vuelvo a la asfixia.

El crujir del fuego comiéndose todo a su alrededor y los tres curas bailando dicen que es mi propio apocalipsis

miles de cerdos deambulando las calles del microcentro y los niños sin rostro escuchando noise.

Uno de los curas me miro diciendo.

La fantasía del dolor continuará por siempre, es tan simple como eso, la mente es el infierno.

¿No sé dónde escuché eso…?
 
Las calles se vuelven elásticas cuando me escapo de los recuerdos,

escalo sigiloso en los cristales que encontré en tu mente y me arriesgaré a caer.

La noche está queriendo acercarse rápidamente por el sur de tu cuerpo.

La imagen me lleva velozmente sobre el aire espeso de la oscuridad, me espera allí la búsqueda

de sonidos disonantes de una angustia que aún no llega.

La caída hacia el infierno me asfixia lentamente y la imagen del mundo se vuelve rugosa,

el frío y la velocidad hacen que se hunda la carne dentro de los huesos.

Desvanecía y creí ver al espejo de tu cuarto acercarse en la caída, parecía tener brazos,

creo que intenta rescatarme. Cerré los ojos y me dejé sustraer en la profundidad de su cristalinidad.

Desperté y caminabas hacia a mí con un poco de helado, bella como siempre, te sentaste junto a mí.

Sentí como se derretían mis huesos y rápidamente me convertí en agua nieve y fui estalactita.

Flashes de pasillos oscuros, sensaciones esotéricas y gritos esquizoides como en un disco de Utarm,

me transportan hacia un infierno extremo exento de vida y de pronto vuelvo a la asfixia.

El crujir del fuego comiéndose todo a su alrededor y los tres curas bailando dicen que es mi propio apocalipsis

miles de cerdos deambulando las calles del microcentro y los niños sin rostro escuchando noise.

Uno de los curas me miro diciendo.

La fantasía del dolor continuará por siempre, es tan simple como eso, la mente es el infierno.

¿No sé dónde escuché eso…?

El pasado no es ni es el futuro, pero la mente
existe entre estas dos inexistencias y, por lo tanto, la miseria.
Vivir en la mente es vivir en la miseria, en la agonía y en el infierno.
La mente es el infierno.

¿De esto?

Kiss.
 

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