Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Día a día con odio en la retina,
las miradas rozaban sin tocarse
apenas nada, sin querer mirarse
como los planos de una triste esquina.
Ni un rescoldo de paz, tan sólo inquina,
mejor era callar que el enfrentarse
pues ya no era posible enamorarse
en la espiral con mimbres de rutina.
Grietas que fueron, sin curar, mayores,
grietas que no se repararon nunca
nos hicieron hostiles y peores:
fin de un amor que sin cuidar se trunca,
que lo dejamos ir de madrugada
y nos dejó de noche en la estacada.
las miradas rozaban sin tocarse
apenas nada, sin querer mirarse
como los planos de una triste esquina.
Ni un rescoldo de paz, tan sólo inquina,
mejor era callar que el enfrentarse
pues ya no era posible enamorarse
en la espiral con mimbres de rutina.
Grietas que fueron, sin curar, mayores,
grietas que no se repararon nunca
nos hicieron hostiles y peores:
fin de un amor que sin cuidar se trunca,
que lo dejamos ir de madrugada
y nos dejó de noche en la estacada.
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