Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Siempre hay un lugar al que volver,
un cruce de caminos o un mapa en la palma de la mano.
También hay días a la vuelta de los días,
que respiran a mies recién cortada,
donde volar cometas y escuchar los ecos del universo,
donde van a varar los restos de un naufragio.
En el espejo, la niña que fuiste ayer, camina sobre ti
como una luna blanca que brotara de tu pecho,
como una gota de agua en el vaho de unos vidrios.
Y tú, espejo triste, ciego cristal,
apenas luciérnaga de suave temblor,
lento y fluvial reflejo del olvido,
borrada la pesada huella
ya nunca más herirá tu silencio.
A tu alrededor, nada acontence,
tan solo tú existes, tan solo tú,
radiante primavera a quien llegó el rocío de la mañana,
gozosa como una virgen desposada con la tierra,
anónima como el amanecer de una noche creada para tus sueños.
Escucha, serás feliz, aún ese pequeño rescoldo de dolor
que va despegándose en silencio de tus labios.
Regresarán las canciones,
volverán los barcos a asomarse por cualquier remota esquina
y el carillón de las aguas empañará el tardío despertar de las orillas,
donde la hierba crece con lentitud de sur
entre árboles que van floreciendo otoños,
mientras a su paso el viento siembra pájaros.
A la altura del mar, llegará junio,
y el verano se alejará tras las estelas que van dejando los barcos.
Nubes quietas moverán el cielo,
navegará la tierra por todas las edades,
y si ha caer la nieve, será porque en tu corazón aún hace frío.
Ahora duermes, y no soy yo quien te mira sino un ángel.
un cruce de caminos o un mapa en la palma de la mano.
También hay días a la vuelta de los días,
que respiran a mies recién cortada,
donde volar cometas y escuchar los ecos del universo,
donde van a varar los restos de un naufragio.
En el espejo, la niña que fuiste ayer, camina sobre ti
como una luna blanca que brotara de tu pecho,
como una gota de agua en el vaho de unos vidrios.
Y tú, espejo triste, ciego cristal,
apenas luciérnaga de suave temblor,
lento y fluvial reflejo del olvido,
borrada la pesada huella
ya nunca más herirá tu silencio.
A tu alrededor, nada acontence,
tan solo tú existes, tan solo tú,
radiante primavera a quien llegó el rocío de la mañana,
gozosa como una virgen desposada con la tierra,
anónima como el amanecer de una noche creada para tus sueños.
Escucha, serás feliz, aún ese pequeño rescoldo de dolor
que va despegándose en silencio de tus labios.
Regresarán las canciones,
volverán los barcos a asomarse por cualquier remota esquina
y el carillón de las aguas empañará el tardío despertar de las orillas,
donde la hierba crece con lentitud de sur
entre árboles que van floreciendo otoños,
mientras a su paso el viento siembra pájaros.
A la altura del mar, llegará junio,
y el verano se alejará tras las estelas que van dejando los barcos.
Nubes quietas moverán el cielo,
navegará la tierra por todas las edades,
y si ha caer la nieve, será porque en tu corazón aún hace frío.
Ahora duermes, y no soy yo quien te mira sino un ángel.