Casa en venta

penabad57

Poeta veterano en el portal
Tiene la casa ojos grandes que miran al mar y nunca parpadean.

En sus metros cuadrados viven las sombras
y también vive la luz que entra cada mañana
como una lengua resplandeciente,
se posa en los objetos,
en la piel de los niños,
en el aire que nos da vida.

Ha envejecido la casa sin ningún reproche,
como un animal de compañía nos sigue y nos protege,
se acuesta a nuestro lado, nos mima,
guarda los sueños que perdimos.

En la memoria de las estancias se dibujan ecos de música,
palabras secretas, espejos que desdoblaron los rostros,
comidas fraternales, el fogón y la ducha, la librería
y esa vena familiar a la que llaman pasillo.

Se viste el hogar con alfombras multicolores,
grecas en los suelos, pinturas baratas en las paredes,
alacenas y búcaros de cristal, armarios que hoy están vacíos
-es la ausencia un ave de rapiña-.

En los cajones de la cómoda dejé mis cartas, mis álbumes,
las pequeñas cosas que simbolizan lo ido;
no quiero ser pasado, quiero que otros nombres habiten la casa,
que otras palabras se escuchen, otras risas y otros lloros,
que se escriba una historia nueva en la que yo ya no esté presente.

Su dirección: Alfredo Vicenti, 45.
 
Tiene la casa ojos grandes que miran al mar y nunca parpadean.

En sus metros cuadrados viven las sombras
y también vive la luz que entra cada mañana
como una lengua resplandeciente,
se posa en los objetos,
en la piel de los niños,
en el aire que nos da vida.

Ha envejecido la casa sin ningún reproche,
como un animal de compañía nos sigue y nos protege,
se acuesta a nuestro lado, nos mima,
guarda los sueños que perdimos.

En la memoria de las estancias se dibujan ecos de música,
palabras secretas, espejos que desdoblaron los rostros,
comidas fraternales, el fogón y la ducha, la librería
y esa vena familiar a la que llaman pasillo.

Se viste el hogar con alfombras multicolores,
grecas en los suelos, pinturas baratas en las paredes,
alacenas y búcaros de cristal, armarios que hoy están vacíos
-es la ausencia un ave de rapiña-.

En los cajones de la cómoda dejé mis cartas, mis álbumes,
las pequeñas cosas que simbolizan lo ido;
no quiero ser pasado, quiero que otros nombres habiten la casa,
que otras palabras se escuchen, otras risas y otros lloros,
que se escriba una historia nueva en la que yo ya no esté presente.

Su dirección: Alfredo Vicenti, 45.

Las casas guardan las almas de quienes las habitan, sus paredes son como grandes archivos espirituales.
Es un poema conmovedor, de esos que dejan un halo de dulce nostalgia después de leer.
Siempre voy a admirar tus obras porque el talento y la calidad merecen ser destacados.
Un abrazo, amigo.
 
Tiene la casa ojos grandes que miran al mar y nunca parpadean.

En sus metros cuadrados viven las sombras
y también vive la luz que entra cada mañana
como una lengua resplandeciente,
se posa en los objetos,
en la piel de los niños,
en el aire que nos da vida.

Ha envejecido la casa sin ningún reproche,
como un animal de compañía nos sigue y nos protege,
se acuesta a nuestro lado, nos mima,
guarda los sueños que perdimos.

En la memoria de las estancias se dibujan ecos de música,
palabras secretas, espejos que desdoblaron los rostros,
comidas fraternales, el fogón y la ducha, la librería
y esa vena familiar a la que llaman pasillo.

Se viste el hogar con alfombras multicolores,
grecas en los suelos, pinturas baratas en las paredes,
alacenas y búcaros de cristal, armarios que hoy están vacíos
-es la ausencia un ave de rapiña-.

En los cajones de la cómoda dejé mis cartas, mis álbumes,
las pequeñas cosas que simbolizan lo ido;
no quiero ser pasado, quiero que otros nombres habiten la casa,
que otras palabras se escuchen, otras risas y otros lloros,
que se escriba una historia nueva en la que yo ya no esté presente.

Su dirección: Alfredo Vicenti, 45.
Guarda la casa el espíritu de sus habitantes, sus recuerdos impregnados de sentimientos la sostienen; y llegarán otros cuando tú no estés presente, a sumarle sus costumbres, tal vez a pintarla con otros colores y a perfumarla con otras esencias, su modo de ser...
Me encantó este tema compañero, es nostálgico, y esperanzador porque deja atrás un mundo de historias y se dispone a vivir el presente que es lo que existe aquí y ahora: un regalo cada respiro. También cuando dices "es la ausencia un ave de rapiña" recordé esta canción que te comparto. Agradecida por haberme encontrado con tus conmovedoras letras. GRACIAS POR COMPARTIRLAS. ABRABESOS.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba