No me queda nada, nada, nada amor,
ni un sueño escondido bajo la almohada,
ni un furtivo encuentro en la madrugada,
ni el último instante de aquel resplandor.
Ni azules marinos ni alegres gaviotas,
ni barco, ni velas, ni viento, ni brisas,
ni siquiera se oyen mis alegres risas,
ni me queda llanto para esta derrota.
No me queda nada, fue tanto el derroche
que entre mil caricias se escapó la noche
otra vez descalza al amanecer.
Te he querido tanto, mas no pudo ser,
yo te amé en silencio sin ningún reproche
cuando al fin me quieras me vas a perder.
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