César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
No sé para qué coño lo encadena el ser cósmico a uno a esta envoltura defectuosa y en descomposición continua que llamamos “cuerpo”. Uno que más bien se va expandiendo todo el tiempo, y quiere volar, y sintonizarse con el pasado, comprender las claves de la existencia, admirar las maravillas, las notas, los colores, las variaciones combinadas que el orden puede propiciar aun sin proponérselo. Prever y proponer. Conocer, aprender.
Y la envoltura de carbono en la que todo ese potencial está contenido, tan primitiva, limitada. Es difícil pensar en que nuestro ser se deshaga en la nada, desaparezca, al colapsar esa mala envoltura de carbono estructurado. Cuesta aceptarlo.
Por supuesto que también tiene, el pinche cuerpo muriente, alguna que otra cosa buena: tocar, sentir, hacer sentir, comunicar.
Hay que ver que hemos sido –como especie- bien pendejes. De mira tan reducida como las posibilidades de nuestros propios malos cuerpos. Podíamos habernos pasado eso que llamamos “historia” buscando formas de mejorar nuestros cuerpos, solucionar de manera definitiva sus defectos; tal vez hasta potenciar sus bondades.
Pero no: mezquinamente nos conformamos con lo más poco con tal que sea inmediato. Y para, y por lo inmediato, nos aniquilamos unxs contra otres, esclavizamos a todo aquel/lla que podemos, nos jugamos sucio… Estúpidxs.
Tal vez, como especie, no merecemos un destino mejor que la vuelta a la nada, o más que a la nada, al gran batido cósmico de partículas esenciales. Tal vez no nos hemos ganado una ente-idad perdurable.
Demasiado “poquites” ante el desafío del cosmos. Excesivamente estúpidxs.
Y la envoltura de carbono en la que todo ese potencial está contenido, tan primitiva, limitada. Es difícil pensar en que nuestro ser se deshaga en la nada, desaparezca, al colapsar esa mala envoltura de carbono estructurado. Cuesta aceptarlo.
Por supuesto que también tiene, el pinche cuerpo muriente, alguna que otra cosa buena: tocar, sentir, hacer sentir, comunicar.
Hay que ver que hemos sido –como especie- bien pendejes. De mira tan reducida como las posibilidades de nuestros propios malos cuerpos. Podíamos habernos pasado eso que llamamos “historia” buscando formas de mejorar nuestros cuerpos, solucionar de manera definitiva sus defectos; tal vez hasta potenciar sus bondades.
Pero no: mezquinamente nos conformamos con lo más poco con tal que sea inmediato. Y para, y por lo inmediato, nos aniquilamos unxs contra otres, esclavizamos a todo aquel/lla que podemos, nos jugamos sucio… Estúpidxs.
Tal vez, como especie, no merecemos un destino mejor que la vuelta a la nada, o más que a la nada, al gran batido cósmico de partículas esenciales. Tal vez no nos hemos ganado una ente-idad perdurable.
Demasiado “poquites” ante el desafío del cosmos. Excesivamente estúpidxs.
Diciembre y cobardía, 2022. César en descomposición
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