La Sexorcisto
Lluna V. L.
la gente anda demasiado rápida
en esta mañana turbia,
es muy pronto para beber una birra
y comulgar votos para la cirrosis.
mejor acompañarse de un café con leche
en un rincón en el que dejar caer los huesos
por mil años y tener formalidad épica.
unas palas para dar vueltas a la bebida
y exagerar la dichosa mezcla en el vaso
porque entre los cristales
toma un color blanquecino
como el cielo encasquetado en el exterior,
la cafeína empieza a conspirar con el tintineo
de la barquera sin remos.
una mujer pasea un perro blanco
por la acera de la calle
al otro lado de la bola cristal,
el camarero me pregunta si quiero algo más;
y como mi cabeza no se frena
lo comparo con Elric de Melniboné
por lo pálido que veo al hombre.
"Un poco de azúcar, por favor".
el café calentito me sienta de puta madre
un pequeña llama en la caverna interior,
el gusto de la leche se mezcla en el paladar
y entonces me doy cuenta de que estoy pálida,
no me ha dado mucho el Sol
porque llevamos una semana nublada,
pero solo es una sensación,
porque puedo mirar las manos
y rezar a que Helios no es un bróker de la Bolsa;
veo la piel de mis brazos con un tono bastante normal
pero creo que estoy blanca como la leche;
y quizás las vacas mugen en algún prado
vendiendo sueños de Tetrabrik.
a todo esto ya llevo medio hora
en la Taberna del Tuerto
y la señora con el perro blanco
continua dando vueltas por la calle
esquivando la neblina lechosa
que sube del submundo de las alcantarillas,
me he acabado el café
el vaso está vacío de nubes
y pienso que ya no tengo leche,
mis tetas se secaron hace tiempo;
y ya que no puedo amamantar
a un mundo sin lactosa y desnatado,
la Madre Naturaleza me está incitando
a que me pida una cerveza,
vuelvo a llamar a Elric de Melniboné
y quisiera pensar que va a salir el Sol
pero todo el cielo se está cubriendo
con un cerrojo aún más nácar,
el camarero me pregunta que quiero
y el tiempo es un segundo en blanco.
"Nada más, gracias".
Epílogo
La mujer entra en el bar,
está muerta de sueño como un sarcófago
y necesita un café anti-zombi,
deja a su mascota atada al lado de la entrada
y mientras pide al camarero,
que tiene un aire a The Witcher,
piensa en su perrita Blanca
que le queda poco para parir.
En el final
Blanca es un reflejo en el cristal
de una y mil puertas,
está gorda y sus mamas empiezan a hincharse.
en esta mañana turbia,
es muy pronto para beber una birra
y comulgar votos para la cirrosis.
mejor acompañarse de un café con leche
en un rincón en el que dejar caer los huesos
por mil años y tener formalidad épica.
unas palas para dar vueltas a la bebida
y exagerar la dichosa mezcla en el vaso
porque entre los cristales
toma un color blanquecino
como el cielo encasquetado en el exterior,
la cafeína empieza a conspirar con el tintineo
de la barquera sin remos.
una mujer pasea un perro blanco
por la acera de la calle
al otro lado de la bola cristal,
el camarero me pregunta si quiero algo más;
y como mi cabeza no se frena
lo comparo con Elric de Melniboné
por lo pálido que veo al hombre.
"Un poco de azúcar, por favor".
el café calentito me sienta de puta madre
un pequeña llama en la caverna interior,
el gusto de la leche se mezcla en el paladar
y entonces me doy cuenta de que estoy pálida,
no me ha dado mucho el Sol
porque llevamos una semana nublada,
pero solo es una sensación,
porque puedo mirar las manos
y rezar a que Helios no es un bróker de la Bolsa;
veo la piel de mis brazos con un tono bastante normal
pero creo que estoy blanca como la leche;
y quizás las vacas mugen en algún prado
vendiendo sueños de Tetrabrik.
a todo esto ya llevo medio hora
en la Taberna del Tuerto
y la señora con el perro blanco
continua dando vueltas por la calle
esquivando la neblina lechosa
que sube del submundo de las alcantarillas,
me he acabado el café
el vaso está vacío de nubes
y pienso que ya no tengo leche,
mis tetas se secaron hace tiempo;
y ya que no puedo amamantar
a un mundo sin lactosa y desnatado,
la Madre Naturaleza me está incitando
a que me pida una cerveza,
vuelvo a llamar a Elric de Melniboné
y quisiera pensar que va a salir el Sol
pero todo el cielo se está cubriendo
con un cerrojo aún más nácar,
el camarero me pregunta que quiero
y el tiempo es un segundo en blanco.
"Nada más, gracias".
Epílogo
La mujer entra en el bar,
está muerta de sueño como un sarcófago
y necesita un café anti-zombi,
deja a su mascota atada al lado de la entrada
y mientras pide al camarero,
que tiene un aire a The Witcher,
piensa en su perrita Blanca
que le queda poco para parir.
En el final
Blanca es un reflejo en el cristal
de una y mil puertas,
está gorda y sus mamas empiezan a hincharse.