Gabriel Benam
Poeta recién llegado
Manchada la inocencia, que pura e inmaculada
se jactó con afán mentiroso que las culpas,
las ha cargado usted lastimosa con las dudas:
¿y si he sido yo finalmente quien las carga?
Si al péndulo que va y viene al raciocinio, un eco
le es recurrente volver para encontrarnos,
¿No hay moral que dicte que pensarte es lo correcto
ni dogma suficiente que limite el pensaros?
A ti, nube erguida en la montaña, trueno iracundo;
caminante excelso de otras tierras, hoy presumo
que en marfil teniéndole por santa le he alejado,
esta terca arrogancia todo afecto ha mancillado.
A ti, que indiferente en mis sueños niegas luz,
y a mí, que no me inclino a por fin tirar la cruz.
se jactó con afán mentiroso que las culpas,
las ha cargado usted lastimosa con las dudas:
¿y si he sido yo finalmente quien las carga?
Si al péndulo que va y viene al raciocinio, un eco
le es recurrente volver para encontrarnos,
¿No hay moral que dicte que pensarte es lo correcto
ni dogma suficiente que limite el pensaros?
A ti, nube erguida en la montaña, trueno iracundo;
caminante excelso de otras tierras, hoy presumo
que en marfil teniéndole por santa le he alejado,
esta terca arrogancia todo afecto ha mancillado.
A ti, que indiferente en mis sueños niegas luz,
y a mí, que no me inclino a por fin tirar la cruz.
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