Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Caer en la vorágine de la muchedumbre
es quedarnos atrás de nosotros mismos,
es perderse la pista mientras nos seguimos
sin tener un camino, al menos supuesto.
A pleno sol del día, cuántos, cuántas pérdidas:
de sombras sin objeto,
de cuerpos que se alejan,
de pasos sin barreras ni vías, ni trenes.
En el andén de sujetos perdidos
maniobran los pájaros vencidos del tiempo
mirándose las alas
los unos a los otros
con la ceguera propia de los temerarios.
Asomarse al abismo es cerrar las puertas
y abrir una ventana que se precipita,
bajarse en marcha, a tientas, sin contemplaciones
y creerse, en el fondo,
que todo es espejismo.
Empezar a ignorarse
forma parte del olvido,
de una imprevisible momentánea amnesia
que acaba convirtiéndose siempre en colectiva.
Y cuando formas parte del propio tumulto,
(lo sabes)
deja de ser urgente
pensar por uno mismo.
es quedarnos atrás de nosotros mismos,
es perderse la pista mientras nos seguimos
sin tener un camino, al menos supuesto.
A pleno sol del día, cuántos, cuántas pérdidas:
de sombras sin objeto,
de cuerpos que se alejan,
de pasos sin barreras ni vías, ni trenes.
En el andén de sujetos perdidos
maniobran los pájaros vencidos del tiempo
mirándose las alas
los unos a los otros
con la ceguera propia de los temerarios.
Asomarse al abismo es cerrar las puertas
y abrir una ventana que se precipita,
bajarse en marcha, a tientas, sin contemplaciones
y creerse, en el fondo,
que todo es espejismo.
Empezar a ignorarse
forma parte del olvido,
de una imprevisible momentánea amnesia
que acaba convirtiéndose siempre en colectiva.
Y cuando formas parte del propio tumulto,
(lo sabes)
deja de ser urgente
pensar por uno mismo.