Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Enfermo de vida,
atascado en todos sus engranes por la halitosis del dios Dios,
el hada helada, el lado helado del Hado,
apestoso, sin sacarse de los calcetines la carretera,
el dolor de juanetes de su pata de pirata que nunca dio una cereza,
el viejo Pinocho se acuesta y siente que solo la cama es buena,
no tiene propulsores a chorro,
no lleva turbosina en su panza deshilachada,
carece en todos sus ángulos de una mujer tristísima,
se hunde sin llegar a ahogarse, nariz de elefante quevediano,
se acomoda entre las quemaduras de cigarrillos,
dedos verdes fumados a medias,
entre herrumbre y constelaciones de semen imposible ,
y viaja lejos, muy lejos, a las cosas que ocurrieron durante el día,
que nunca ocurrieron porque nada ocurre
sino el sueño, y soñar, cansa, cansa más que ver nada,
soñar con pegarle al gordo de la lotería
y al gordo hijo de puta que le deja las notificaciones,
la pensión retrasada, el recibo del aire, los resultados de su autopsia,
¿mas, qué podemos soñar?, digo un inglesito acusado de plagio,
porque todo es repetir sin crear, palabra por palabra,
imaginar un acertijo irresoluble
donde no se es ni el abono de la sombra,
no se habita el cráneo porque solo entra por la trepanación la atmósfera,
una voz insidiosa que no reconoce los hilos invisibles de la marioneta,
la lenta furia de no hacer nada, no ser ni la muerte que viene a la fiesta
y lo encuentra sin nadie, riendo como un imbécil mentiroso,
porque hasta el pez que atrapó de niño era un renacuajo,
y toda la cama está llena de sapos, de ranas obesas,
y por todos lados están chingando los grillos de Collodi,
y ya nada en él crece, sino la furia agazapada, la desolación eréctil,
y un párpado se le pega al otro,
se te juntan los ojos y pasan treinta noviembres entre ellos,
y entonces suena la alarma más precoz,
y no puede despertar del sueño que no durmió,
sino la vida enferma de magia, el turno de las siete en la carpintería
del difunto Geppetto
donde ya no hacen las cruces como antes.
atascado en todos sus engranes por la halitosis del dios Dios,
el hada helada, el lado helado del Hado,
apestoso, sin sacarse de los calcetines la carretera,
el dolor de juanetes de su pata de pirata que nunca dio una cereza,
el viejo Pinocho se acuesta y siente que solo la cama es buena,
no tiene propulsores a chorro,
no lleva turbosina en su panza deshilachada,
carece en todos sus ángulos de una mujer tristísima,
se hunde sin llegar a ahogarse, nariz de elefante quevediano,
se acomoda entre las quemaduras de cigarrillos,
dedos verdes fumados a medias,
entre herrumbre y constelaciones de semen imposible ,
y viaja lejos, muy lejos, a las cosas que ocurrieron durante el día,
que nunca ocurrieron porque nada ocurre
sino el sueño, y soñar, cansa, cansa más que ver nada,
soñar con pegarle al gordo de la lotería
y al gordo hijo de puta que le deja las notificaciones,
la pensión retrasada, el recibo del aire, los resultados de su autopsia,
¿mas, qué podemos soñar?, digo un inglesito acusado de plagio,
porque todo es repetir sin crear, palabra por palabra,
imaginar un acertijo irresoluble
donde no se es ni el abono de la sombra,
no se habita el cráneo porque solo entra por la trepanación la atmósfera,
una voz insidiosa que no reconoce los hilos invisibles de la marioneta,
la lenta furia de no hacer nada, no ser ni la muerte que viene a la fiesta
y lo encuentra sin nadie, riendo como un imbécil mentiroso,
porque hasta el pez que atrapó de niño era un renacuajo,
y toda la cama está llena de sapos, de ranas obesas,
y por todos lados están chingando los grillos de Collodi,
y ya nada en él crece, sino la furia agazapada, la desolación eréctil,
y un párpado se le pega al otro,
se te juntan los ojos y pasan treinta noviembres entre ellos,
y entonces suena la alarma más precoz,
y no puede despertar del sueño que no durmió,
sino la vida enferma de magia, el turno de las siete en la carpintería
del difunto Geppetto
donde ya no hacen las cruces como antes.
06 de mayo de 2022