El velero partió
dejando atrás sus amarras
Nada lo detuvo
hasta que llegó al cielo
Un paraíso de rosas
fue su puerto
Desembarcó en una playa blanca
de piedrecitas doradas
Pronto vació su cargamento:
cartas para los abuelos
de sus adoloridos nietos.
Algún día los nietos llegaran
a esa playa blanca,
convertidos en abuelos.