Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Olvidé que te llamabas Miguel,
no, no me acordé.
Olvidé que me pegabas
con las pencas del cuero robusto
que amaron mi piel muchas veces.
Dejé de pensarte por fin, Miguel.
Ya no hay recuerdos
que me impulsen a odiarte,
pues de odiarte
hasta yo misma
me odié.
No existes, Miguel.
No eres,
nunca serás mi papá.
Olvidé que tenías un nombre,
aquel que dije con mis manos:
"quiero libertad."
Y de tantos golpes certeros que a mi cuerpo diste,
eres pasado,
un poema
literal.
no, no me acordé.
Olvidé que me pegabas
con las pencas del cuero robusto
que amaron mi piel muchas veces.
Dejé de pensarte por fin, Miguel.
Ya no hay recuerdos
que me impulsen a odiarte,
pues de odiarte
hasta yo misma
me odié.
No existes, Miguel.
No eres,
nunca serás mi papá.
Olvidé que tenías un nombre,
aquel que dije con mis manos:
"quiero libertad."
Y de tantos golpes certeros que a mi cuerpo diste,
eres pasado,
un poema
literal.