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Un poema literal.

Claridad

Poeta que considera el portal su segunda casa
Olvidé que te llamabas Miguel,
no, no me acordé.
Olvidé que me pegabas
con las pencas del cuero robusto
que amaron mi piel muchas veces.

Dejé de pensarte por fin, Miguel.

Ya no hay recuerdos
que me impulsen a odiarte,
pues de odiarte
hasta yo misma
me odié.

No existes, Miguel.

No eres,
nunca serás mi papá.

Olvidé que tenías un nombre,
aquel que dije con mis manos:
"quiero libertad."
Y de tantos golpes certeros que a mi cuerpo diste,
eres pasado,
un poema
literal.
 
Fuerte y triste poema nos compartes denunciando la crueldad paternal sufrida.

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Olvidé que te llamabas Miguel,
no, no me acordé.
Olvidé que me pegabas
con las pencas del cuero robusto
que amaron mi piel muchas veces.

Dejé de pensarte por fin, Miguel.

Ya no hay recuerdos
que me impulsen a odiarte,
pues de odiarte
hasta yo misma
me odié.

No existes, Miguel.

No eres,
nunca serás mi papá.

Olvidé que tenías un nombre,
aquel que dije con mis manos:
"quiero libertad."
Y de tantos golpes certeros que a mi cuerpo diste,
eres pasado,
un poema
literal.

¡Carajo! ...
 
Me has dejado con la boca abierta.! Versos triste y llenos de dolor que llegan al corazón del lector.

Gracias por compartir.
............A veces los recuerdos de la infancia y la adolescencia vuelven...........
...........un beso mi señor por venir a leerme..............
.......Clari.............
 
Olvidé que te llamabas Miguel,
no, no me acordé.
Olvidé que me pegabas
con las pencas del cuero robusto
que amaron mi piel muchas veces.

Dejé de pensarte por fin, Miguel.

Ya no hay recuerdos
que me impulsen a odiarte,
pues de odiarte
hasta yo misma
me odié.

No existes, Miguel.

No eres,
nunca serás mi papá.

Olvidé que tenías un nombre,
aquel que dije con mis manos:
"quiero libertad."
Y de tantos golpes certeros que a mi cuerpo diste,
eres pasado,
un poema
literal.
Un abrazo, Claridad. Un gusto leerte.
 
Olvidé que te llamabas Miguel,
no, no me acordé.
Olvidé que me pegabas
con las pencas del cuero robusto
que amaron mi piel muchas veces.

Dejé de pensarte por fin, Miguel.

Ya no hay recuerdos
que me impulsen a odiarte,
pues de odiarte
hasta yo misma
me odié.

No existes, Miguel.

No eres,
nunca serás mi papá.

Olvidé que tenías un nombre,
aquel que dije con mis manos:
"quiero libertad."
Y de tantos golpes certeros que a mi cuerpo diste,
eres pasado,
un poema
literal.
¡Ooh, Claridad!
Versos que duelen y, tal vez, liberan.
Un abrazo fuerte.
 
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