Los pajarillos cantan al alba
y el cielo disemina sus cortinas.
Sobre la piel, se siente una brisa muy tenue
de esas que huelen a salitre
y te llenan de paz, de nostalgia.
La vida estaba en todas partes,
en tus pupilas,
en tu palabra,
en los chopos del río de tu tierra
castellana que tanto añorabas...
en la fina arena de aquellos veranos
inolvidables que disfrutabas de mi brazo.
Siempre voy al mismo sitio,
al mismo hotel, la misma mesa...
todo cuanto miro, cuanto palpo,
gira alrededor de ti.
Alguien más fuerte que yo,
me separó de ti, de todo,
llevándose mis ganas y mi voz
dejando solo a mi alrededor
lugares sin sentido.
Pero yo sigo aquí,
donde tú estarías al despertar la mañana,
donde estarías al beso
de la tarde que tanto ansiabas
en su eclipse de mar.
Ahora, la nostalgia invade
una vez más
y las olas me hablan de ti,
porque tu nombre sigue aquí,
tu palabra y tu ausencia siguen aquí,
agarradas a mi brazo.