charlie ía
tru váyolens
elogio del odio.
entre los poemas de amor
escritos para las otras
existen nuestras células
y las preguntas para las que se saben
las respuestas anticipadamente:
allí aguardan los ojos expectantes
brillando como una parejita
enmarañada de madrugada
en el borde de una acera
que descubre los confines
más lejanos de la antigüedad.
sin embargo, a través de la historia
es el odio y no el amor, chelita
el que, como una nave espacial,
ha llevado al ser humano a desgarrar
la barrera de la estratósfera
para regalarnos la maravilla
de la navegación eficiente con los mapas de google
penetrando a la miseria del tercer mundo.
fue el odio el que atravesó
la invencibilidad de la ionósfera
con su cinturón de basura espacial
que rodea el planeta,
esa que en cualquier momento
caerá sobre nosotros durante una lluvia de luz
que nos haga pensar en cosas más especiales
que la tv satelital;
reichel, en palabras sencillas
es necesario el odio
que sentimos por los caminos enlodados
o el que se siente
por los hijos de la gran puta
que te quieren callado
antes de que la lluvia de luz blanca, en su éxtasis
empiece
a la mitad de los recuerdos…
odio como el que se siente por el padre
al que se le grita que es una mierda
una y otra vez dentro de la cabeza
u odio por las decepciones de la vida
que te dejan más o menos resignado
a despreciar la cursilería y todo lo que se le parezca
en las estrellas y sus ríos de sangre.
odio por el ron que se acaba dentro del vaso
y por la idiotez que escucha
la generación z
y por la madrugada que va quedándose ciega
de todos los poemas para otras,
mientras vos, parpadeándome jodida
apenas llegás al otro lado de la persiana
donde solo yo puedo mirar.
23.
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