Gonvedo
Poeta asiduo al portal
No es la llama azul de los cometas,
ni el rayo de luna en el lado oscuro de las claraboyas,
es ese viento impaciente, viajero de noches a solas,
que en mi cabeza retumba como un avispero.
Es diciembre con sus señales del final de los días,
con sus dársenas vareadas por aguas oscuras,
con su doliente estatura de palabras inventadas,
con su pálida fiebre rebosando la copa.
Traicionando a la memoria, vuelvo
a mis años en ruinas y a un último paisaje
donde pueblan los bosques pájaros de ayer
y un cielo raso de rosas desangradas
vela la sombra de un cadáver.
Lejos de aquí, el mundo está vacío,
está muriendo, carece de edad en mi recuerdo.
Hoy vivo entre espejos que en el último
invierno han envejecido un siglo.
ni el rayo de luna en el lado oscuro de las claraboyas,
es ese viento impaciente, viajero de noches a solas,
que en mi cabeza retumba como un avispero.
Es diciembre con sus señales del final de los días,
con sus dársenas vareadas por aguas oscuras,
con su doliente estatura de palabras inventadas,
con su pálida fiebre rebosando la copa.
Traicionando a la memoria, vuelvo
a mis años en ruinas y a un último paisaje
donde pueblan los bosques pájaros de ayer
y un cielo raso de rosas desangradas
vela la sombra de un cadáver.
Lejos de aquí, el mundo está vacío,
está muriendo, carece de edad en mi recuerdo.
Hoy vivo entre espejos que en el último
invierno han envejecido un siglo.
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