Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
AMOR EN INTERNET
Contacte con ella en una Web para buscar parejas. Me dijo que estaba soltera y se sentía muy sola, igual que yo. Nos enviamos mensajes escritos de todos los temas: política, cine, literatura y, sobre todo, como no, del amor. Teníamos muchas ideas afines.
Todo fue muy bien con mi “pareja” de Internet durante más de un año, hasta que un buen día averigüé el engaño que cambio por completo nuestras relaciones. Descubrí por casualidad, curioseando en la red social Facebook, una foto de un paisaje que ella había sacado durante las últimas vacaciones, la misma imagen que me envió en la red de contactos. Entonces me enteré de que no tenía 26 años, como había escrito en la Web; sino 62, como figuraba en Facebook, soló había cambiado el orden de los números. ¡Tenía gracia! La foto de la Web de contactos sí la había sacado cuando tenía 26 años, pero la foto de Facebook era actual, aunque todavía conservaba la misma sonrisa y podía reconocerla, pese a los 36 años de diferencia.
No me sorprendió ni me enfadó el engaño, porque yo había hecho exactamente lo mismo. Dije que tenía 33 años, pero tenía 63, sólo había cambiado un número, el engaño fue pequeño. Sólo mentí en eso, es verdad que estaba soltero y me encontraba muy solo después de jubilarme con antelación. Además, no pretendía engañar, sólo quería imaginar cómo hubiera querido que fuese mi vida cuando fui joven, actué como si estuviera escribiendo una novela. Me alegré mucho de descubrir el engaño, porque así tenía la esperanza de conseguir una relación sentimental real con mi pareja de Internet, puesto que nuestras edades verídicas se aproximaban. Ese día decidí enviarla el siguiente mensaje:
“Querida amiga:”
“Me alegro de haber descubierto la edad que tienes en tu página de Facebook, porque así podemos mantener una relación sentimental real. Yo tampoco te conté la verdad, dije que tenía 33 años, pero tengo 63. Es verdad que estoy soltero y me encuentro muy solo, sólo he mentido en la edad. Creo que los dos hemos jugado con nuestra imaginación para salir de nuestra soledad. Estoy deseando conocerte. ¿Podemos cenar juntos esta misma noche? Conozco un restaurante vegetariano muy bueno, donde ponen las setas que te gustan”.
“Un abrazo cordial”
Enseguida respondió ella:
“Querido amigo:”
“¡Qué feliz coincidencia! Los dos nos parecemos mucho. Yo también estoy soltera y jubilada. Cometí el error de dedicar toda mi vida al trabajo. Ahora me encuentro sola. Podemos intentar iniciar la relación sentimental que nos ha faltado, todavía tenemos tiempo. Podemos tomar la jubilación como unas vacaciones sin fin. Sólo pongo una condición: debemos ser totalmente sinceros a partir de ahora, aunque el engaño ha servido para conocernos.”
“Un abrazo afectuoso”
Aquella noche, cuando nos vimos la primera vez, nos dimos un abrazo cordial, afectuoso y, sobre todo, real.
Contacte con ella en una Web para buscar parejas. Me dijo que estaba soltera y se sentía muy sola, igual que yo. Nos enviamos mensajes escritos de todos los temas: política, cine, literatura y, sobre todo, como no, del amor. Teníamos muchas ideas afines.
Todo fue muy bien con mi “pareja” de Internet durante más de un año, hasta que un buen día averigüé el engaño que cambio por completo nuestras relaciones. Descubrí por casualidad, curioseando en la red social Facebook, una foto de un paisaje que ella había sacado durante las últimas vacaciones, la misma imagen que me envió en la red de contactos. Entonces me enteré de que no tenía 26 años, como había escrito en la Web; sino 62, como figuraba en Facebook, soló había cambiado el orden de los números. ¡Tenía gracia! La foto de la Web de contactos sí la había sacado cuando tenía 26 años, pero la foto de Facebook era actual, aunque todavía conservaba la misma sonrisa y podía reconocerla, pese a los 36 años de diferencia.
No me sorprendió ni me enfadó el engaño, porque yo había hecho exactamente lo mismo. Dije que tenía 33 años, pero tenía 63, sólo había cambiado un número, el engaño fue pequeño. Sólo mentí en eso, es verdad que estaba soltero y me encontraba muy solo después de jubilarme con antelación. Además, no pretendía engañar, sólo quería imaginar cómo hubiera querido que fuese mi vida cuando fui joven, actué como si estuviera escribiendo una novela. Me alegré mucho de descubrir el engaño, porque así tenía la esperanza de conseguir una relación sentimental real con mi pareja de Internet, puesto que nuestras edades verídicas se aproximaban. Ese día decidí enviarla el siguiente mensaje:
“Querida amiga:”
“Me alegro de haber descubierto la edad que tienes en tu página de Facebook, porque así podemos mantener una relación sentimental real. Yo tampoco te conté la verdad, dije que tenía 33 años, pero tengo 63. Es verdad que estoy soltero y me encuentro muy solo, sólo he mentido en la edad. Creo que los dos hemos jugado con nuestra imaginación para salir de nuestra soledad. Estoy deseando conocerte. ¿Podemos cenar juntos esta misma noche? Conozco un restaurante vegetariano muy bueno, donde ponen las setas que te gustan”.
“Un abrazo cordial”
Enseguida respondió ella:
“Querido amigo:”
“¡Qué feliz coincidencia! Los dos nos parecemos mucho. Yo también estoy soltera y jubilada. Cometí el error de dedicar toda mi vida al trabajo. Ahora me encuentro sola. Podemos intentar iniciar la relación sentimental que nos ha faltado, todavía tenemos tiempo. Podemos tomar la jubilación como unas vacaciones sin fin. Sólo pongo una condición: debemos ser totalmente sinceros a partir de ahora, aunque el engaño ha servido para conocernos.”
“Un abrazo afectuoso”
Aquella noche, cuando nos vimos la primera vez, nos dimos un abrazo cordial, afectuoso y, sobre todo, real.
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