Kein Williams
Poeta fiel al portal
En el umbral de la vida y la partida,
un hombre afligido, con el corazón herido,
se despide de su amada sin medida,
pues la enfermedad acecha sin sentido.
En su rostro palidece la agonía,
mientras los días se tornan inciertos,
le anuncian que su vida es fugaz travesía,
y el adiós se vuelve un eco en sus desiertos.
Se miran a los ojos, en silencio profundo,
sus lágrimas se entrelazan en el aire,
saboreando el amargo beso del adiós.
Él le pide que siga, que encuentre un nuevo rumbo,
que en su memoria conserve su amar constante,
pues aunque se alejen, será en su abrazo tenaz el amor.
Con cada palabra, se van despidiendo,
entrelazando sus almas en un último latido,
prometiéndose encontrarse en sueños, riendo,
aunque sus destinos se vean divididos.
Él se va, pero deja su esencia en cada verso,
y en el eco de sus pasos se quedará grabado,
como un susurro del amor eterno,
en la memoria de aquella que lo ha amado.
El tiempo será testigo de su despedida,
pero el amor persistirá, sin fronteras,
y en el recuerdo, su amor será vida,
un faro de esperanza en las noches más fieras.
Así, en la tristeza de esta despedida,
se forja un lazo que la muerte no extinguirá,
pues el amor, cual estrella en la noche perdida,
brillará por siempre en el cielo que los unirá.
Un hombre parte, con su enfermedad mortal,
pero su amor trasciende, eterno e inmortal,
y en cada latido, su esencia vivirá,
un amor que ni la muerte podrá sepultar.
un hombre afligido, con el corazón herido,
se despide de su amada sin medida,
pues la enfermedad acecha sin sentido.
En su rostro palidece la agonía,
mientras los días se tornan inciertos,
le anuncian que su vida es fugaz travesía,
y el adiós se vuelve un eco en sus desiertos.
Se miran a los ojos, en silencio profundo,
sus lágrimas se entrelazan en el aire,
saboreando el amargo beso del adiós.
Él le pide que siga, que encuentre un nuevo rumbo,
que en su memoria conserve su amar constante,
pues aunque se alejen, será en su abrazo tenaz el amor.
Con cada palabra, se van despidiendo,
entrelazando sus almas en un último latido,
prometiéndose encontrarse en sueños, riendo,
aunque sus destinos se vean divididos.
Él se va, pero deja su esencia en cada verso,
y en el eco de sus pasos se quedará grabado,
como un susurro del amor eterno,
en la memoria de aquella que lo ha amado.
El tiempo será testigo de su despedida,
pero el amor persistirá, sin fronteras,
y en el recuerdo, su amor será vida,
un faro de esperanza en las noches más fieras.
Así, en la tristeza de esta despedida,
se forja un lazo que la muerte no extinguirá,
pues el amor, cual estrella en la noche perdida,
brillará por siempre en el cielo que los unirá.
Un hombre parte, con su enfermedad mortal,
pero su amor trasciende, eterno e inmortal,
y en cada latido, su esencia vivirá,
un amor que ni la muerte podrá sepultar.