Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Como un pájaro volando en lentas espirales
desataré el nudo de esta asfixia,
de este dintel de insomnio y sangre muda,
de piano sin sombra y luna hereje
para llegar a ti.
Desde este cóncavo norte
que aún aúlla entre mis sienes,
desde este jardín que escapa al invierno
y arroja su haz de luz como fluvial perífrasis
de embriagadoras lágrimas azules,
desde esta ceniza que arde como nieve
con melífero fulgor de crisantemos
llegaré a ti.
Mírame a los ojos,
hay golondrinas volando en la esquila del tiempo,
y en sus picos llevan la celeste bruma del arpegio.
Escucha, ahora, como la noche late
con la resonante melancolía de los yunques.
Su manuscrita soledad, como un cadáver sin sangre,
oculta en su pecho una orquídea inhumada.
Después, el silencio como un labio ciego,
como un cuerpo en ruinas.
desataré el nudo de esta asfixia,
de este dintel de insomnio y sangre muda,
de piano sin sombra y luna hereje
para llegar a ti.
Desde este cóncavo norte
que aún aúlla entre mis sienes,
desde este jardín que escapa al invierno
y arroja su haz de luz como fluvial perífrasis
de embriagadoras lágrimas azules,
desde esta ceniza que arde como nieve
con melífero fulgor de crisantemos
llegaré a ti.
Mírame a los ojos,
hay golondrinas volando en la esquila del tiempo,
y en sus picos llevan la celeste bruma del arpegio.
Escucha, ahora, como la noche late
con la resonante melancolía de los yunques.
Su manuscrita soledad, como un cadáver sin sangre,
oculta en su pecho una orquídea inhumada.
Después, el silencio como un labio ciego,
como un cuerpo en ruinas.