Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Antes que el tiempo supiera de nosotros,
fuimos niños buscando en la adversidad
los imposibles colores de la luna.
Poníamos nuestras manos sobre el fuego
para alumbrar estrellas que venían
a morirse con el canto del gallo.
En nuestros sueños atalayábamos
indómitos paisajes, y conteniendo el aliento
corríamos febriles delante de la vida.
La vida era una tramoya de inacabadas
gestas rayanas con los vientos del asombro.
En nuestros gastados zapatos,
rondábamos las esquinas,
inocentes y ajenos al bullicio de las calles.
Hay hombres que nunca fueron niños
aun habiendo intentado florecer en las cunetas
como pilares de otras ruinas,
incapaces de sentir al unísono el latido,
pues su tiempo venía apadrinado por hambres más antiguas.
fuimos niños buscando en la adversidad
los imposibles colores de la luna.
Poníamos nuestras manos sobre el fuego
para alumbrar estrellas que venían
a morirse con el canto del gallo.
En nuestros sueños atalayábamos
indómitos paisajes, y conteniendo el aliento
corríamos febriles delante de la vida.
La vida era una tramoya de inacabadas
gestas rayanas con los vientos del asombro.
En nuestros gastados zapatos,
rondábamos las esquinas,
inocentes y ajenos al bullicio de las calles.
Hay hombres que nunca fueron niños
aun habiendo intentado florecer en las cunetas
como pilares de otras ruinas,
incapaces de sentir al unísono el latido,
pues su tiempo venía apadrinado por hambres más antiguas.