Teo Moran
Poeta fiel al portal
Nos alcanzó la luz del hambre
a los pies del almendro verde,
a las puertas de la Contraviesa
con los naranjos y mustios zarzales.
¡Y bajo las notas del agua serena
que entre los recodos polvorientos
desafía a la tierra sinuosa y sedienta!
Cristalina surge entre olivos viejos
con el llanto silente de los viñedos
y entre uva y uva, ramo a ramo,
la vieja mula gira en la noria
de unas acequias secas y dolidas,
y como el crisol del mediodía
que repica en el campanario
abro mis manos ante el clamor
y el tañir triste de las campanas.
Soy ascua encendida en la noche,
soy el dolor afligido de mi madre
que entre las penumbras zurce
y cose con la pena y el hambre.
¡Ay madre que eres labranza,
la despensa y la tierra verde
a la cual regreso cada tarde!
Noto a tu latido madre mía,
a tu enjuta sombra en el umbral
que callada zurce su herida
cuando por mi culpa le llega la pena.
El traje negro que abriga tu pecho
hoy los jazmines besan su regazo
y en la fuente las rosas blancas
hilan con sus dulces púas de plata
el ascua encendida de tu corazón,
al trémulo y frío reguero del río,
a este amor perenne de tu hijo
que entre sombras y viejas ascuas,
puntada a puntada, entre remiendos,
soy yo quien zurce las viejas costuras
del recuerdo hermoso de su madre,
y con cada zurcido ayer quien fue hijo
hoy cose los remiendos del hambre.