Materiales-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
De repente, las palabras,

como manos que sustentaran

un regocijo pertinente. Las propias

palabras, las necesarias. Las que

invitan a un café cercano, o las que

son poemas. Ese amasijo interior

que fluye, y cede su lugar posteriormente,

al luminoso silencio. Donde escucho,

se escucha, la puerta entreabierta

del baño, la mampara de la ducha

que hace un leve ruido al cerrarse.

Quizás, y con suerte, el cántico

del mirlo. Y, de repente, las palabras:

tiernas, acariciadoras, sugerentes.

Amables, solícitas, como una lluvia

leve. Con las que doy las gracias

y con las que me abraza el día.

Silencio y palabra, doble luz

que revierte en beneficio.





©
 
De repente, las palabras,

como manos que sustentaran

un regocijo pertinente. Las propias

palabras, las necesarias. Las que

invitan a un café cercano, o las que

son poemas. Ese amasijo interior

que fluye, y cede su lugar posteriormente,

al luminoso silencio. Donde escucho,

se escucha, la puerta entreabierta

del baño, la mampara de la ducha

que hace un leve ruido al cerrarse.

Quizás, y con suerte, el cántico

del mirlo. Y, de repente, las palabras:

tiernas, acariciadoras, sugerentes.

Amables, solícitas, como una lluvia

leve. Con las que doy las gracias

y con las que me abraza el día.

Silencio y palabra, doble luz

que revierte en beneficio.





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El silencio te lleva a las palabras y viceversa ¿A quién culpar?
Otro abrazo.
 

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