• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Turno de noche en el taxi

penabad57

Poeta veterano en el portal
Esta soledad de herrumbre en los cristales,
el amarillo de un farol ilumina mi rostro.

Mientras, yo espero al alma vencida por el dolor,
al joven que vuelve borracho de su celebración de alcohol y música,
a la urgencia de quien busca en un túnel el neón de la última discoteca,
al perdido que ya no tiene sombra,
al que finge amabilidad y esconde una navaja
entre las jeringuillas de su bolsillo roto,
al que madruga para tomar un avión
y llega junto a mí con los minutos contados,
a quienes hacen sexo sin que les importe nada,
y son vendaval de lujuria.

Pero al llegar el día yo seré otro, cuidaré mi jardín,
besaré a mi mujer, conversaré con los niños
de las cosas de los niños.

Hasta que el turno de las diez,
de nuevo, me reclame.
 
Última edición:
Esta soledad de herrumbre en los cristales,
el amarillo de un farol ilumina mi rostro.

Yo espero al alma vencida por el dolor,
al joven que vuelve borracho de su celebración de alcohol y música,
a la urgencia de quien busca en la noche playas de luz,
al perdido que no reconoce ni su sombra,
al que finge amabilidad y esconde una navaja
entre las jeringuillas de su bolsillo roto,
al que madruga para tomar un avión
y llega junto a mí con los minutos contados,
a quienes hacen sexo sin que les importe nada,
y son vendaval de lujuria.

Pero al llegar el día yo seré otro, cuidaré mi jardín,
besaré a mi mujer, conversaré con los niños
de las cosas de los niños.

Hasta que el turno de las diez,
de nuevo, me reclame.
Esa cabina puede ser un ambiente bastante sórdido.
Un abrazo, Ramón.
 
Esta soledad de herrumbre en los cristales,
el amarillo de un farol ilumina mi rostro.

Mientras, yo espero al alma vencida por el dolor,
al joven que vuelve borracho de su celebración de alcohol y música,
a la urgencia de quien busca en un túnel el neón de la última discoteca,
al perdido que ya no tiene sombra,
al que finge amabilidad y esconde una navaja
entre las jeringuillas de su bolsillo roto,
al que madruga para tomar un avión
y llega junto a mí con los minutos contados,
a quienes hacen sexo sin que les importe nada,
y son vendaval de lujuria.

Pero al llegar el día yo seré otro, cuidaré mi jardín,
besaré a mi mujer, conversaré con los niños
de las cosas de los niños.

Hasta que el turno de las diez,
de nuevo, me reclame.
Una especie de ensoñación, de atravesamiento de vías ajenas hasta, por fin, la calma estar en casa. Me gustó mucho, saludos
 
Esta soledad de herrumbre en los cristales,
el amarillo de un farol ilumina mi rostro.

Mientras, yo espero al alma vencida por el dolor,
al joven que vuelve borracho de su celebración de alcohol y música,
a la urgencia de quien busca en un túnel el neón de la última discoteca,
al perdido que ya no tiene sombra,
al que finge amabilidad y esconde una navaja
entre las jeringuillas de su bolsillo roto,
al que madruga para tomar un avión
y llega junto a mí con los minutos contados,
a quienes hacen sexo sin que les importe nada,
y son vendaval de lujuria.

Pero al llegar el día yo seré otro, cuidaré mi jardín,
besaré a mi mujer, conversaré con los niños
de las cosas de los niños.

Hasta que el turno de las diez,
de nuevo, me reclame.
En esta barahúnda de vida que llevamos, es imperioso escuchar la música bajito
Los decibeles de este mundo loco, hace imperioso, volver a casa
Gracias, mi estimado Penabad, por compartir tu obra con nosotros
Saludos y un abrazo grande
 
Esta soledad de herrumbre en los cristales,
el amarillo de un farol ilumina mi rostro.

Mientras, yo espero al alma vencida por el dolor,
al joven que vuelve borracho de su celebración de alcohol y música,
a la urgencia de quien busca en un túnel el neón de la última discoteca,
al perdido que ya no tiene sombra,
al que finge amabilidad y esconde una navaja
entre las jeringuillas de su bolsillo roto,
al que madruga para tomar un avión
y llega junto a mí con los minutos contados,
a quienes hacen sexo sin que les importe nada,
y son vendaval de lujuria.

Pero al llegar el día yo seré otro, cuidaré mi jardín,
besaré a mi mujer, conversaré con los niños
de las cosas de los niños.

Hasta que el turno de las diez,
de nuevo, me reclame.
En esta barahúnda de vida que llevamos, es imperioso escuchar la música bajito
Los decibeles de este mundo loco, hace imperioso volver a casa
Gracias, mi estimado Penabad, por compartir tu obra con nosotros
Saludos y un abrazo grande
 
Última edición:
El taxista que debe trabajar de noche está expuesto a muchos más peligros que el que lo hace de día. bien mostrado en tu poema.

u_3f2ba149_zps65a188ba.gif
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba