Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Vienes de las espumas y del aguacero,
de los eternos ojos fijos de la montaña,
donde nace la flor de la lluvia,
piel contra piel, desnuda de raíz,
con el alma que solo a ti te duele.
Traes contigo sílabas de llanto y un río
de palabras, y otros paisajes de sol
a sol, y un mar roto en las esquinas.
Y yo habré de aguardarte inmóvil,
con el silencio sostenido de tus brazos
que me envuelve, o saliéndote al paso
cuando en mi sueños te nombro
a flor de agua para que en tu pecho
me acojas si se derrumba mi sangre.
de los eternos ojos fijos de la montaña,
donde nace la flor de la lluvia,
piel contra piel, desnuda de raíz,
con el alma que solo a ti te duele.
Traes contigo sílabas de llanto y un río
de palabras, y otros paisajes de sol
a sol, y un mar roto en las esquinas.
Y yo habré de aguardarte inmóvil,
con el silencio sostenido de tus brazos
que me envuelve, o saliéndote al paso
cuando en mi sueños te nombro
a flor de agua para que en tu pecho
me acojas si se derrumba mi sangre.
Última edición: