Hiba
Poeta recién llegado
Me entretiene contarlas: una, dos, tres, cuatro, cinco…
Las luces de la ciudad me lo impiden.
Demasiada distracción para tan breve recreo.
Al principio pareciera que participo en un campeonato de ciclismo.
La lluvia cerúlea se apresura sobre los canales.
El zumbido de mi pedaleo sin botas impermeables.
Rugen las calles, son testigos.
Un buqué de tulipanes de madera
que me vendieron en el mercado Albert en la canasta
de mi bicicleta.
A dos kilómetros de mi curiosidad, a seis kilómetros
del respirar jocundo de mi posada.
Licuados la lluvia y el viento anuncian mi despiste.
Ventana carmín, prohibidas las fotos, a nadie le importa
lo que quieras filmar para luego compartir en tus redes sociales.
La línea es larga y la noche ni se diga.
Son todas hermosas: rubias, morenas, pelirrojas.
Me entretiene contarlas:
una, dos, tres, cuatro, cinco… La fila de caballeros me lo impide.
Las luces de la ciudad me lo impiden.
Demasiada distracción para tan breve recreo.
Al principio pareciera que participo en un campeonato de ciclismo.
La lluvia cerúlea se apresura sobre los canales.
El zumbido de mi pedaleo sin botas impermeables.
Rugen las calles, son testigos.
Un buqué de tulipanes de madera
que me vendieron en el mercado Albert en la canasta
de mi bicicleta.
A dos kilómetros de mi curiosidad, a seis kilómetros
del respirar jocundo de mi posada.
Licuados la lluvia y el viento anuncian mi despiste.
Ventana carmín, prohibidas las fotos, a nadie le importa
lo que quieras filmar para luego compartir en tus redes sociales.
La línea es larga y la noche ni se diga.
Son todas hermosas: rubias, morenas, pelirrojas.
Me entretiene contarlas:
una, dos, tres, cuatro, cinco… La fila de caballeros me lo impide.