nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces no queda más que sentirlo todo.
Y desde ese crepúsculo cabizbajo
duele la raíz.
Se retuerce intentando
tocar el cielo,
se desvela en un tropel de incertidumbres
que han perdido el rumbo
por las calles de los días.
Taquicardias cotidianas
que un día fueron
luces altivas
y hoy quedan poseídas
entre las baladas
de una tristeza consagrada.
Pero no existe luz
que sea borrada,
la nada es un TODO,
un brotar que envía llamaradas
de auxilio haciendo nido
en los modales de la piel.
A veces intercambiamos
aguijones de rosas
por pequeños mares
de vida creciente,
vida que desde el templo de los ojos
reordena cada brizna de gloria
que habita en la existencia.
Y de repente se apaga
la soledumbre de la noche.
¡Vida de piel de arena y ojos azules!.
NUNA.
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