Zulma Martínez
Mar azul...
De una vez, debo entenderlo:
todo es efímero...
Efímeros son los castillos que la lluvia
diseña en mis ventanas
y que abandona plañidera cuando,
con sus brazos de viento,
decide apropiarse de mis miedos
y esparcirlos en otro lugar.
Lo es la noche y su cielo de diamantes
y el plateado astro que, de pronto,
ya no es tal, pues se deshace
en pedrerías y lentejuelas
en ese engañoso lago
donde naufragan los sueños.
Y lo fueron, a su vez, sus manos
cuando las perdí para siempre
aquella madrugada, junto
a su voz, su palidez y su mirada.
Todo es efímero...
Como lo es también la vida
que, en un instante, se pulveriza
por escapar despavorida
al compás de calendarios y de horas.
todo es efímero...
Efímeros son los castillos que la lluvia
diseña en mis ventanas
y que abandona plañidera cuando,
con sus brazos de viento,
decide apropiarse de mis miedos
y esparcirlos en otro lugar.
Lo es la noche y su cielo de diamantes
y el plateado astro que, de pronto,
ya no es tal, pues se deshace
en pedrerías y lentejuelas
en ese engañoso lago
donde naufragan los sueños.
Y lo fueron, a su vez, sus manos
cuando las perdí para siempre
aquella madrugada, junto
a su voz, su palidez y su mirada.
Todo es efímero...
Como lo es también la vida
que, en un instante, se pulveriza
por escapar despavorida
al compás de calendarios y de horas.