Generales 9 : Aquella mañana

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Aquella mañana, presagiaba un bonito día,
el sol se despertaba con alegría,
aunque encapotado el cielo estaba.

Sus tenues rayos al amanecer servían
para calentar mis manos adormecidas.

Aquella mañana me esperaba mi niña,
aunque el frío podría ser un obstáculo, era
yo, quien se ausentara porque algo urgente
mi cuerpo pedía.

Quizás armonía, que todos los elementos de mi cuerpo
son como un reloj suizo sincronizado con sabiduría.

No sabía qué estaba pasando pero sufría
sufría porque creía iba a perderte, porque me iría.

Un aire grotesco se levantaba y entonces ya no vivía,
creía que estaba en otra vida y tú mientras tanto, sentada ,
mirando, controlando mi ausencia; preocupada, en velo
tu cabeza movías de un lado a otro esperando la señal y no llegaba.

El abismo de tu distancia era más grande aún, pero no podía dejar
de pensar en ti, en nuestras vidas, tan solitarias, tan unidas aunque
sólo fuese por las vibraciones que me transmitías en aquella casa
tan grande, tan vacía, tan llena de recuerdos de sensaciones vacías.

Quizás esté obcecado con las cosas negativas, momentos
alegres, también hay. Sudores de excitación, de locura,
de un amor desmedido que conmueve nuestro ser
desde la más tierna niñez, relucía en nuestros corazones
como el oro en tus dedos embriagadores.

Nos entregamos con pasión, ternura, excitación mutua.
¡Qué felicidad, de locura!, era el hombre más feliz del firmamento
por nuestro amor exacerbado, nuestros momentos de empatía.

Esta urgencia, que estallaba en mi mente, en mi cuerpo
en toda la constelación de este ser viviente
es lo que quería transmitirte hoy vida mía
y no te preocupes, porque llegaré sulfurado, pero llegaré,
porque esto que siento por ti, no lo roba ni la muerte, vida mía
 


Aquella mañana, presagiaba un bonito día,
el sol se despertaba con alegría,
aunque encapotado el cielo estaba.

Sus tenues rayos al amanecer servían
para calentar mis manos adormecidas.

Aquella mañana me esperaba mi niña,
aunque el frío podría ser un obstáculo, era
yo, quien se ausentara porque algo urgente
mi cuerpo pedía.

Quizás armonía, que todos los elementos de mi cuerpo
son como un reloj suizo sincronizado con sabiduría.

No sabía qué estaba pasando pero sufría
sufría porque creía iba a perderte, porque me iría.

Un aire grotesco se levantaba y entonces ya no vivía,
creía que estaba en otra vida y tú mientras tanto, sentada ,
mirando, controlando mi ausencia; preocupada, en velo
tu cabeza movías de un lado a otro esperando la señal y no llegaba.

El abismo de tu distancia era más grande aún, pero no podía dejar
de pensar en ti, en nuestras vidas, tan solitarias, tan unidas aunque
sólo fuese por las vibraciones que me transmitías en aquella casa
tan grande, tan vacía, tan llena de recuerdos de sensaciones vacías.

Quizás esté obcecado con las cosas negativas, momentos
alegres, también hay. Sudores de excitación, de locura,
de un amor desmedido que conmueve nuestro ser
desde la más tierna niñez, relucía en nuestros corazones
como el oro en tus dedos embriagadores.

Nos entregamos con pasión, ternura, excitación mutua.
¡Qué felicidad, de locura!, era el hombre más feliz del firmamento
por nuestro amor exacerbado, nuestros momentos de empatía.

Esta urgencia, que estallaba en mi mente, en mi cuerpo
en toda la constelación de este ser viviente
es lo que quería transmitirte hoy vida mía
y no te preocupes, porque llegaré sulfurado, pero llegaré,
porque esto que siento por ti, no lo roba ni la muerte, vida mía

José Valverde Yuste excelente poesía.
Realmente todo lo que escribe contiene gran pasión y dedicación.

Un abrazo fuerte.
 


Aquella mañana, presagiaba un bonito día,
el sol se despertaba con alegría,
aunque encapotado el cielo estaba.

Sus tenues rayos al amanecer servían
para calentar mis manos adormecidas.

Aquella mañana me esperaba mi niña,
aunque el frío podría ser un obstáculo, era
yo, quien se ausentara porque algo urgente
mi cuerpo pedía.

Quizás armonía, que todos los elementos de mi cuerpo
son como un reloj suizo sincronizado con sabiduría.

No sabía qué estaba pasando pero sufría
sufría porque creía iba a perderte, porque me iría.

Un aire grotesco se levantaba y entonces ya no vivía,
creía que estaba en otra vida y tú mientras tanto, sentada ,
mirando, controlando mi ausencia; preocupada, en velo
tu cabeza movías de un lado a otro esperando la señal y no llegaba.

El abismo de tu distancia era más grande aún, pero no podía dejar
de pensar en ti, en nuestras vidas, tan solitarias, tan unidas aunque
sólo fuese por las vibraciones que me transmitías en aquella casa
tan grande, tan vacía, tan llena de recuerdos de sensaciones vacías.

Quizás esté obcecado con las cosas negativas, momentos
alegres, también hay. Sudores de excitación, de locura,
de un amor desmedido que conmueve nuestro ser
desde la más tierna niñez, relucía en nuestros corazones
como el oro en tus dedos embriagadores.

Nos entregamos con pasión, ternura, excitación mutua.
¡Qué felicidad, de locura!, era el hombre más feliz del firmamento
por nuestro amor exacerbado, nuestros momentos de empatía.

Esta urgencia, que estallaba en mi mente, en mi cuerpo
en toda la constelación de este ser viviente
es lo que quería transmitirte hoy vida mía
y no te preocupes, porque llegaré sulfurado, pero llegaré,
porque esto que siento por ti, no lo roba ni la muerte, vida mía
Gracias Melementos por pasarte por mis letras. Un abrazo con la pluma del alma
 

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