José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era una casa a una roca pegada,
tan pequeña como un grano de arena,
tan feliz como la inmensidad del océano.
Sus muros de piedra lloran, rodando
van por la guadaña de la ladera;
su puerta mansión de las termitas
golosas dueñas de la madera.
Casa labriega, pasiones marchitas,
felicidad solariega en sus esquinas,
amante de lo divino, vergel venido
a menos, en este tiempo finito.
Reía con la vela, con el candil,
con los ojos acurrucados enfocando
el proyector para verte, a ti, casa blanca
lugar de mis juegos, raudal de oscuridad
echa fuego, amor sin dinero, felicidad sin dueño.
Hoy fantasma eres, escriba sin papel,
pan sin aceite, mordida de serpiente
recordando lo efímero de este mundo,
donde giro recordando lo ufano.