José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tiritando, mojado por la fina lluvia
mi cuerpo se estremece bajo el cielo gris
caminando sin rumbo, pérdido en la neblina
buscando abrigo en medio de la lluvia tenaz.
El frío cala hondo en mi piel empapada
y mis pasos se vuelven lentos, cansados
pero sigo adelante, con la mirada fijada en la esperanza
que brilla tras los encriptados nubarrones.
Tiritando, esperando no ser huérfano
me doy cuenta de la belleza, en la vulnerabilidad,
en la fuerza de la fragilidad, y sigo caminando
con la lluvia compañera fiel de mi senda.
Ese agua que cambia reflejando el cielo en sus ondas
espejo disonante que distorsiona la realidad
en el bosque misterioso donde los secretos yacen enmohecidos
por el agua, de siglos y siglos; bosque encantado
que a mi alma socorre.
Naturaleza viva que respira y susurra a la oscuridad
las hojas bailan al compás del viento caprichoso
el agua fluye como el tiempo, eternamente cambiante
en este bosque encantado donde los sueños
se entrelazan, como los eslabones de las cadenas.
¿A dónde va todo el dolor y la aventura del agua?
eternidad de la primavera de la vida
que deslizándose suavemente como río busca su destino
aromatizando y dando fulgor a los seres vivos.
Las lágrimas se funden con la corriente
mientras los sueños fluyen como cascadas
cada gota lleva consigo una historia
y cada ola es un susurro del alma.
Última edición: