José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
No hables de lo que no sabes
ni enciendas la antorcha del amor
sobre falsos pliegos de papel,
ni dobles la rodilla ante los estigmas,
los depravados de la vida.
No digas esto es incontable,
puede ser agua, trigo, polvo
o serpiente andando sobre tu vientre,
en el fondo es un islote, un simulacro de incendio,
un apagón en el tálamo, escapar del tedioso ruido
que me corroe el cerebro.
Nunca creas, razona, piensa,
sigue la senda de tu vida
como los girasoles
siguen los rayos del sol,
en la vigilia de su rutina.
Sueña y vive como un mirlo
también como una montaña
o la cascada que despliega gotas
que van brincando de piedra en piedra.
Como sabes, todo vuela, todo se consume
formando una línea sobre el horizonte
de gotas de tiniebla,
otras veces de lucidez extrema.
Podemos hablar de las estrellas
que brillando en el cielo susurran al viento
al oído, así cada segundo que pasa
es un nuevo comienzo con ganas de amar,
de palpitar.
Saber, no sé, pero de sentimientos
mi cuerpo es un diccionario abierto,
son como el tiempo deslizándose entre mis dedos,
así se desvanecen los recuerdos
pero queda grabada en la mente
la belleza del momento.
Todo es magia, transparencia,
incluso el latir del corazón, la unión
de los huesos y músculos, el circuito eléctrico
de mis neuronas, caminos de altas velocidades
como el AVE.
En fin, hablo de todo y no sé de nada
cabalgo sobre caballos y no soy jinete
en el fondo todo permanece inalterable.
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