José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy sobre un sofá vomitando mis versos
como una fuente de agua. Un destierro
en mi cerebro, una ermita vaciándose
en un triste entierro.
Un huracán sediento con olas moribundas
enterrando las florecientes costas
en un mercado de tristezas
y horrendas moliendas.
No quiero ser un usurero,
un adelantado a mí tiempo,
pero tampoco un ser que volatiliza
sus pensamientos en un árbol
que el viento estremece.
Una arcada de silencio,
un maremoto en las alturas de las nubes
donde muere el lamento, una fragua
que quema lo malo de la vida,
arrodillarse ante un juramento.
Una historia muerta en una mente desierta,
una comunión en el monte
de las estrellas decadentes,
no iluminan, son oscuridad
en la eternidad del tiempo.
Un susurro entre rocas, una vereda
donde antes era desierto, una mirada
en una bahía de colores intensos
que masacren nuestro hedonismo.
Árboles que el viento oscurecen,
barcos que naufragan en los icebergs,
un monasterio en una costa
donde la cruz era el cementerio.
Una heladería sin helados,
una violencia oculta, un reloj
que no da la hora, un eslabón
de una cadena encubriendo mi pensamiento.
Una ola loca , un cupido sin entrepierna,
una bomba sin agua,
una exterminación en silencio.
Los humanos idiotizados
en un pensamiento idiota.