CON LA LLUVIA NACÍ
(Epifanía de los nuevos tiempos)
Fui llovido en un pueblo muy pequeño
en un chaparrón de otoño
que llovió seres humanos desde una nube gris
y preñada.
Los neonatos nubelinos poblamos aquel lugar
y sus pétreas resonancias.
Era un lugar hecho en piedra
con sus viviendas de piedra
y sus calles y plazas y escaleras
talladas en dura piedra.
Hay una iglesia de piedra
con alta torre de piedra en la que anidan cigüeñas
de cartón piedra.
Las fuentes de roca viva
manan un agua suave que talla la dura piedra
con la ternura de una madre.
Y los asnos son también blandos y confortables
Las criaturas que nacimos como piedras
de aquella lluvia otoñal
esparcidos a la sombra protectora de encinas y robles viejos
nos hemos humanizado con nuestras charlas y chanzas.
Sólo las rudas manos que nos procuran sustento
siguen duras como piedras.
Y algún corazón que otro que no supo latir a tiempo.
Saltan las aguas rebeldes que no quieren encauzarse.
Los rastros de lejanías se aproximan temerosos.
Y hay cántaros donde se alojan las antiguas tradiciones
con imágenes lacrimosas
y pestiños y turrones
y mozas de coloridas mantillas.
Lejos quedaron las nubes cargadas con los sombreros y las modas
y los discursos obscenos que pueblan las ciudades
y sus cloacas.
Ahora los hombres-lluvia desplegados en charcas voluptuosas
adornamos nuestras testas de romana recurrencia
con flores de sacro aspecto
impidiendo a las nubes primigenias mirarse en nuestro
reluciente espejo.
Alguien nos hizo llover como lluvia salvadora
nos lavó nuestro tizne gris y nuestra antigua memoria
de las cosas que nos eran gratas
televisores, neveras, automóviles de lujo, queridas para las noches frías
y nos hizo gotas de agua para transformar las rocas
Y en cada gota de lluvia un ojo imagina otro universo
desde un pueblo muy pequeño.
(Epifanía de los nuevos tiempos)
Fui llovido en un pueblo muy pequeño
en un chaparrón de otoño
que llovió seres humanos desde una nube gris
y preñada.
Los neonatos nubelinos poblamos aquel lugar
y sus pétreas resonancias.
Era un lugar hecho en piedra
con sus viviendas de piedra
y sus calles y plazas y escaleras
talladas en dura piedra.
Hay una iglesia de piedra
con alta torre de piedra en la que anidan cigüeñas
de cartón piedra.
Las fuentes de roca viva
manan un agua suave que talla la dura piedra
con la ternura de una madre.
Y los asnos son también blandos y confortables
Las criaturas que nacimos como piedras
de aquella lluvia otoñal
esparcidos a la sombra protectora de encinas y robles viejos
nos hemos humanizado con nuestras charlas y chanzas.
Sólo las rudas manos que nos procuran sustento
siguen duras como piedras.
Y algún corazón que otro que no supo latir a tiempo.
Saltan las aguas rebeldes que no quieren encauzarse.
Los rastros de lejanías se aproximan temerosos.
Y hay cántaros donde se alojan las antiguas tradiciones
con imágenes lacrimosas
y pestiños y turrones
y mozas de coloridas mantillas.
Lejos quedaron las nubes cargadas con los sombreros y las modas
y los discursos obscenos que pueblan las ciudades
y sus cloacas.
Ahora los hombres-lluvia desplegados en charcas voluptuosas
adornamos nuestras testas de romana recurrencia
con flores de sacro aspecto
impidiendo a las nubes primigenias mirarse en nuestro
reluciente espejo.
Alguien nos hizo llover como lluvia salvadora
nos lavó nuestro tizne gris y nuestra antigua memoria
de las cosas que nos eran gratas
televisores, neveras, automóviles de lujo, queridas para las noches frías
y nos hizo gotas de agua para transformar las rocas
Y en cada gota de lluvia un ojo imagina otro universo
desde un pueblo muy pequeño.
Última edición: