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Melancólicos 54 : En las ruinas de un amor

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


En las ruinas de un amor pasajero,
se esconden sombras de un ayer
entre susurros que el viento dispersa,
mi corazón aún late y me atraviesa.

Marchitos quedan los recuerdos,
de aquellos besos enredados,
en la madeja de nuestros secretos,
sollozos silenciosos, olvidados.

Lágrimas caen en la noche oscura,
testigas mudas de mi amargura,
cada gota recuerda tu ausencia,
dulce tormento, cruel presencia.

Quedan vestigios de pasión marchita,
en cada rincón de esta triste desdicha,
los suspiros se desvanecen en el aire,
como promesas rotas, sin reparo,
sin gloria ni salvoconducto.

En la penumbra de mi alma cansada,
late una esperanza efímera, desgastada,
porque incluso en la tristeza más profunda,
el amor renace, violento, fecundo.
 


En las ruinas de un amor pasajero,
se esconden sombras de un ayer
entre susurros que el viento dispersa,
mi corazón aún late y me atraviesa.

Marchitos quedan los recuerdos,
de aquellos besos enredados,
en la madeja de nuestros secretos,
sollozos silenciosos, olvidados.

Lágrimas caen en la noche oscura,
testigas mudas de mi amargura,
cada gota recuerda tu ausencia,
dulce tormento, cruel presencia.

Quedan vestigios de pasión marchita,
en cada rincón de esta triste desdicha,
los suspiros se desvanecen en el aire,
como promesas rotas, sin reparo,
sin gloria ni salvoconducto.

En la penumbra de mi alma cansada,
late una esperanza efímera, desgastada,
porque incluso en la tristeza más profunda,
el amor renace, violento, fecundo.
Así de fuerte pesa el amor.

Un abrazo fuerte.
 


En las ruinas de un amor pasajero,
se esconden sombras de un ayer
entre susurros que el viento dispersa,
mi corazón aún late y me atraviesa.

Marchitos quedan los recuerdos,
de aquellos besos enredados,
en la madeja de nuestros secretos,
sollozos silenciosos, olvidados.

Lágrimas caen en la noche oscura,
testigas mudas de mi amargura,
cada gota recuerda tu ausencia,
dulce tormento, cruel presencia.

Quedan vestigios de pasión marchita,
en cada rincón de esta triste desdicha,
los suspiros se desvanecen en el aire,
como promesas rotas, sin reparo,
sin gloria ni salvoconducto.

En la penumbra de mi alma cansada,
late una esperanza efímera, desgastada,
porque incluso en la tristeza más profunda,
el amor renace, violento, fecundo.

Detenerse en tus versos siempre es un placer amigo José.
Un abrazo.
 
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