Se suceden, ante mí, los instantes
despiadados, fugaces,
vacíos de promesas.
Irrumpen, en punzadas,
los pensamientos.
La vigilia y el miedo
anulan mi entereza.
Dubitativa e inquieta,
sentada a una mesa,
de un diabólico ajedrez...
muevo las piezas.
Trémula y paralizada
la vida me observa,
acorralada...
Y en el refugio silente
de mis agobiadas manos,
sosegado y perplejo,
se detiene el tiempo.
despiadados, fugaces,
vacíos de promesas.
Irrumpen, en punzadas,
los pensamientos.
La vigilia y el miedo
anulan mi entereza.
Dubitativa e inquieta,
sentada a una mesa,
de un diabólico ajedrez...
muevo las piezas.
Trémula y paralizada
la vida me observa,
acorralada...
Y en el refugio silente
de mis agobiadas manos,
sosegado y perplejo,
se detiene el tiempo.