CorvoAvalos
Poeta recién llegado
Salvaje inocente corre cual presa,
con miedo y hambre en el erial marfileño.
Burla la muerte por colmillo, pero destroza más
el terrible demonio del famélico.
La hierba marchita solo ofrece fútil alivio,
como las lágrimas del cielo, débiles sollozos,
crueles e insensibles, lanzados a la agónica tierra
y alejados por suspiros furiosos.
Con paso lento, renguea y se arrastra
para al fin llegar al ojo celeste,
anónimo de todo cuanto lo rodea,
y se nutre de sus venas henchidas de sal y negra savia.
Satisfecho e ignorante, no percata la fiera presencia
que ahora bebe el insuficiente carmesí,
y contempla el lejano horizonte
llorando también por días mejores.
con miedo y hambre en el erial marfileño.
Burla la muerte por colmillo, pero destroza más
el terrible demonio del famélico.
La hierba marchita solo ofrece fútil alivio,
como las lágrimas del cielo, débiles sollozos,
crueles e insensibles, lanzados a la agónica tierra
y alejados por suspiros furiosos.
Con paso lento, renguea y se arrastra
para al fin llegar al ojo celeste,
anónimo de todo cuanto lo rodea,
y se nutre de sus venas henchidas de sal y negra savia.
Satisfecho e ignorante, no percata la fiera presencia
que ahora bebe el insuficiente carmesí,
y contempla el lejano horizonte
llorando también por días mejores.