Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En la vastedad del mundo, sin fronteras ni cadenas,
emerges como el viento, espíritu libre,
con tus alas extendidas hacia el horizonte,
abrazando la inmensidad de los cielos sin límites.
Eres el susurro de la brisa en los campos dorados,
la risa de las olas al romperse en la orilla,
un canto de libertad que resuena en el alma,
una danza de estrellas en la noche infinita.
Tus pasos son ligeros como el vuelo de un colibrí,
navegas por la vida con gracia y valentía,
sin temor a las sombras ni a los abismos profundos,
porque en tu corazón late el fuego de mil soles.
Eres el sueño que se escapa de las manos del tiempo,
una melodía que desafía el silencio eterno,
un faro en la tormenta, iluminando los mares,
una chispa de esperanza en la penumbra del ser.
Espíritu libre, eres tú, indomable y eterno,
un poema escrito en los márgenes del universo,
con cada verso impregnado de pasión y misterio,
un testimonio vivo de la belleza sin confines.
emerges como el viento, espíritu libre,
con tus alas extendidas hacia el horizonte,
abrazando la inmensidad de los cielos sin límites.
Eres el susurro de la brisa en los campos dorados,
la risa de las olas al romperse en la orilla,
un canto de libertad que resuena en el alma,
una danza de estrellas en la noche infinita.
Tus pasos son ligeros como el vuelo de un colibrí,
navegas por la vida con gracia y valentía,
sin temor a las sombras ni a los abismos profundos,
porque en tu corazón late el fuego de mil soles.
Eres el sueño que se escapa de las manos del tiempo,
una melodía que desafía el silencio eterno,
un faro en la tormenta, iluminando los mares,
una chispa de esperanza en la penumbra del ser.
Espíritu libre, eres tú, indomable y eterno,
un poema escrito en los márgenes del universo,
con cada verso impregnado de pasión y misterio,
un testimonio vivo de la belleza sin confines.