Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Querido papá, te escribo desde este rincón
donde los recuerdos son sombras largas
y el silencio grita tu nombre.
Te escribo desde la ausencia,
desde la herida abierta que dejaste
cuando te fuiste sin mirar atrás.
La vida siguió su curso,
como un río que no se detiene.
Pero tu ausencia fue una roca en el camino,
un obstáculo que aprendí a esquivar
aunque nunca a superar.
Te busqué en los abrazos de otros,
en las palabras de consuelo
que nunca llegaron a llenar el vacío.
Te busqué en los ojos de mi madre,
en su mirada perdida en el horizonte,
tratando de encontrar respuestas
donde solo había preguntas.
Cada logro, cada risa, cada lágrima,
fueron gritos de auxilio, llamados silenciosos
esperando una respuesta que nunca llegó.
Tu ausencia fue el eco de un susurro,
la sombra de un fantasma que nunca se fue.
A veces, en la soledad de la noche,
me pregunto si piensas en mí,
si en algún rincón de tu memoria
mi imagen se mantiene viva.
Me pregunto si el peso de tu ausencia
se siente en tu pecho
como una piedra que no puedes soltar.
Querido papá, este poema no es un reproche,
es un intento desesperado
de conectar con ese vacío,
de darle forma a la ausencia
que dejaste en mi vida.
Es un abrazo a la distancia,
un susurro en el viento,
esperando que de alguna manera
llegue a tu corazón.
Te escribo para decirte
que a pesar de todo, te amo,
que a pesar de la distancia y el silencio,
tu presencia ausente
ha sido una constante en mi vida.
Y aunque nunca pueda entender
por qué te fuiste,
quiero que sepas que en cada latido,
en cada suspiro, en cada lágrima,
hay un pedazo de ti,
un reflejo de tu ausencia,
una sombra de tu amor no dicho.
Querido papá, te escribo desde la esperanza
de que algún día,
en algún lugar,
puedas leer estas palabras
y sentir el peso de mi amor,
la profundidad de mi dolor,
y la infinita necesidad
de tu presencia en mi vida.
donde los recuerdos son sombras largas
y el silencio grita tu nombre.
Te escribo desde la ausencia,
desde la herida abierta que dejaste
cuando te fuiste sin mirar atrás.
La vida siguió su curso,
como un río que no se detiene.
Pero tu ausencia fue una roca en el camino,
un obstáculo que aprendí a esquivar
aunque nunca a superar.
Te busqué en los abrazos de otros,
en las palabras de consuelo
que nunca llegaron a llenar el vacío.
Te busqué en los ojos de mi madre,
en su mirada perdida en el horizonte,
tratando de encontrar respuestas
donde solo había preguntas.
Cada logro, cada risa, cada lágrima,
fueron gritos de auxilio, llamados silenciosos
esperando una respuesta que nunca llegó.
Tu ausencia fue el eco de un susurro,
la sombra de un fantasma que nunca se fue.
A veces, en la soledad de la noche,
me pregunto si piensas en mí,
si en algún rincón de tu memoria
mi imagen se mantiene viva.
Me pregunto si el peso de tu ausencia
se siente en tu pecho
como una piedra que no puedes soltar.
Querido papá, este poema no es un reproche,
es un intento desesperado
de conectar con ese vacío,
de darle forma a la ausencia
que dejaste en mi vida.
Es un abrazo a la distancia,
un susurro en el viento,
esperando que de alguna manera
llegue a tu corazón.
Te escribo para decirte
que a pesar de todo, te amo,
que a pesar de la distancia y el silencio,
tu presencia ausente
ha sido una constante en mi vida.
Y aunque nunca pueda entender
por qué te fuiste,
quiero que sepas que en cada latido,
en cada suspiro, en cada lágrima,
hay un pedazo de ti,
un reflejo de tu ausencia,
una sombra de tu amor no dicho.
Querido papá, te escribo desde la esperanza
de que algún día,
en algún lugar,
puedas leer estas palabras
y sentir el peso de mi amor,
la profundidad de mi dolor,
y la infinita necesidad
de tu presencia en mi vida.