Oh luna, confidente de las noches
en que, insomne, rumiaba soledades.
Hoy descubres la sombra de mi amado.
que estática se yergue sobre el río.
¡Qué ilusoria resulta su figura!
Concédeme el ropaje de Selene,
que al suave movimiento de sus alas
consiga con un soplo darle luz.
Y así surge en la alquimia de las sombras,
como arte milenario del japón,
la belleza nocturna del paisaje.
Hay un tiempo de mágico misterio,
antes de despuntar a amanecer,
en que la musa envuelve a su poeta.
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