Gonvedo
Poeta asiduo al portal
A veces hay que mirar hacia atrás,
tomar distancia, volver al abismo
del que salimos para tomar consciencia.
Así, por un instante, regresé a los años
pálidos de mi juventud, con sus días
de barcos de maderas quietas y quillas frías,
desterrados de la memoria, abandonados
como escombros en un paisaje sin música
para encontrarme con esa herida
casi profética que me precede.
Eran casi cien años sin amanecer
de un pájaro atrapado bajo la lluvia.
Era la nada reflejada en la plenitud del vacío.
Transitando por los sueños bajo la luz del silencio,
el cuerpo se evapora como el trigal de la adolescencia,
o como un fruto maduro que cae tras la tempestad.
Pero todo puede renacer aun de la ceniza
como inocencia bautismal mecida por el mar,
piedra dulce de la existencia.
tomar distancia, volver al abismo
del que salimos para tomar consciencia.
Así, por un instante, regresé a los años
pálidos de mi juventud, con sus días
de barcos de maderas quietas y quillas frías,
desterrados de la memoria, abandonados
como escombros en un paisaje sin música
para encontrarme con esa herida
casi profética que me precede.
Eran casi cien años sin amanecer
de un pájaro atrapado bajo la lluvia.
Era la nada reflejada en la plenitud del vacío.
Transitando por los sueños bajo la luz del silencio,
el cuerpo se evapora como el trigal de la adolescencia,
o como un fruto maduro que cae tras la tempestad.
Pero todo puede renacer aun de la ceniza
como inocencia bautismal mecida por el mar,
piedra dulce de la existencia.