Ciclo de violencia

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Ella lleva la marca del silencio en la piel,
y yo, observador sin remedio, atrapado en la frontera de lo inmutable.
Cada golpe resuena en la casa como un eco sordo,
pero sus labios dibujan una sonrisa rota,
una curva invertida que desmiente lo evidente.

"Está todo bien," murmura,
como si la repetición bastara para desterrar la verdad.
Pero yo veo las sombras que se amontonan en sus ojos,
la puerta cerrada con cerrojos de miedo,
y el miedo se instala en mí,
porque no puedo hacer nada,
porque ella no quiere, no puede aceptar lo que la destruye.

El mundo gira en torno a sus mentiras autoinfligidas,
y yo, marioneta de mi propia desesperación,
me retuerzo en el aire,
sintiendo las cuerdas que no se rompen,
los nudos que no se deshacen,
el vacío que me ahoga mientras ella se ahoga en su propio abismo.

Quisiera arrancar el velo de sus ojos,
gritarle que hay un mundo fuera de esa prisión,
pero las palabras se rompen antes de llegar a sus oídos,
se desintegran en un polvo de impotencia.

Y así sigo,
observando el ciclo eterno de su autoengaño,
mientras mi alma se desangra en cada vuelta,
esperando un despertar que quizás nunca llegue,
una puerta que quizás nunca se abra.

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Ella lleva la marca del silencio en la piel,
y yo, observador sin remedio, atrapado en la frontera de lo inmutable.
Cada golpe resuena en la casa como un eco sordo,
pero sus labios dibujan una sonrisa rota,
una curva invertida que desmiente lo evidente.

"Está todo bien," murmura,
como si la repetición bastara para desterrar la verdad.
Pero yo veo las sombras que se amontonan en sus ojos,
la puerta cerrada con cerrojos de miedo,
y el miedo se instala en mí,
porque no puedo hacer nada,
porque ella no quiere, no puede aceptar lo que la destruye.

El mundo gira en torno a sus mentiras autoinfligidas,
y yo, marioneta de mi propia desesperación,
me retuerzo en el aire,
sintiendo las cuerdas que no se rompen,
los nudos que no se deshacen,
el vacío que me ahoga mientras ella se ahoga en su propio abismo.

Quisiera arrancar el velo de sus ojos,
gritarle que hay un mundo fuera de esa prisión,
pero las palabras se rompen antes de llegar a sus oídos,
se desintegran en un polvo de impotencia.

Y así sigo,
observando el ciclo eterno de su autoengaño,
mientras mi alma se desangra en cada vuelta,
esperando un despertar que quizás nunca llegue,
una puerta que quizás nunca se abra.

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Me romo el atrevimiento de expresar: ¡cuanta maldad!.
Ya llegará otra nueva oportunidad.

Saludos
 
La violencia doméstica es una sombra que se cierne sobre innumerables hogares, erosionando las bases de nuestra sociedad. Este flagelo no solo destroza vidas individuales, sino que también debilita el tejido social al perpetuar ciclos de trauma y sufrimiento. Las víctimas, muchas veces silenciadas por el miedo o la vergüenza, cargan con cicatrices visibles e invisibles que afectan su bienestar físico, emocional y mental.

Este fenómeno no discrimina; afecta a personas de todas las edades, géneros y clases sociales. La violencia doméstica se manifiesta en diversas formas: física, emocional, psicológica, económica, y cada una de ellas deja una huella imborrable en las víctimas. Sin embargo, el impacto va más allá de las paredes del hogar. La violencia doméstica contribuye a un aumento en la demanda de servicios de salud, afecta la productividad laboral y perpetúa la desigualdad social y de género.

Es crucial reconocer que la violencia doméstica no es un asunto privado, sino una crisis pública que requiere una acción colectiva. La sociedad debe levantar la voz por aquellos que no pueden hacerlo, exigir políticas efectivas y crear redes de apoyo para que las víctimas puedan salir del ciclo de violencia. Solo así podremos empezar a sanar como comunidad y construir un futuro donde el respeto y la seguridad prevalezcan en todos los hogares.
 
La violencia doméstica es una sombra que se cierne sobre innumerables hogares, erosionando las bases de nuestra sociedad. Este flagelo no solo destroza vidas individuales, sino que también debilita el tejido social al perpetuar ciclos de trauma y sufrimiento. Las víctimas, muchas veces silenciadas por el miedo o la vergüenza, cargan con cicatrices visibles e invisibles que afectan su bienestar físico, emocional y mental.

Este fenómeno no discrimina; afecta a personas de todas las edades, géneros y clases sociales. La violencia doméstica se manifiesta en diversas formas: física, emocional, psicológica, económica, y cada una de ellas deja una huella imborrable en las víctimas. Sin embargo, el impacto va más allá de las paredes del hogar. La violencia doméstica contribuye a un aumento en la demanda de servicios de salud, afecta la productividad laboral y perpetúa la desigualdad social y de género.

Es crucial reconocer que la violencia doméstica no es un asunto privado, sino una crisis pública que requiere una acción colectiva. La sociedad debe levantar la voz por aquellos que no pueden hacerlo, exigir políticas efectivas y crear redes de apoyo para que las víctimas puedan salir del ciclo de violencia. Solo así podremos empezar a sanar como comunidad y construir un futuro donde el respeto y la seguridad prevalezcan en todos los hogares.
Totalmente de acuerdo.

Saaludos
 
La violencia tiene 2 caras, el ser humano es como es porque aprendió de su entorno, si cambias al entorno cambias al ser humano ( iba a decir al hombre pero en estos tiempos puedo ofender a alguien) tanto agresor como agredido son personas enfermas que perpetúan un círculo, ambas necesitan ayuda una para que no deje maltratar y tenga la suficiente fuerza de denunciar y salir de ese ambiente y la otra talvez necesita un castigo pero acompañado con una terapia.... si sólo victimizamos y condenamos seguimos perpetuando el círculo... Gracias por tomarte el tiempo de trasmitir el mensaje, y hacernos pensar un poco
 

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