Afuera la calle
es un ejército de pasos solitarios
vibrando en las veredas nauseabundas,
una marcha militar de infantería
comprada en tantos pagos como vidas
sujeta de los pies a la cabeza
al sumo mandamiento del apuro.
Oculto entre las sábanas
someto
mi tiempo que se acaba suavemente
al pálido elixir de la distancia.
Pues ya no volverás a reciclarme,
tantas veces llegaste para irte
sumida en la congoja de aceptarme
mis vanos argumentos irascibles.
Las manchas de humedad en la cortina
cubriendo todo brillo impertinente
es toda la razón que me sostiene,
en esta brevedad que me aniquila.
Será la soledad mi compañera.
Jirones del ayer en el ropero.
Botellas que me auxilian por las noches.
Preguntas desbordando ceniceros.
es un ejército de pasos solitarios
vibrando en las veredas nauseabundas,
una marcha militar de infantería
comprada en tantos pagos como vidas
sujeta de los pies a la cabeza
al sumo mandamiento del apuro.
Oculto entre las sábanas
someto
mi tiempo que se acaba suavemente
al pálido elixir de la distancia.
Pues ya no volverás a reciclarme,
tantas veces llegaste para irte
sumida en la congoja de aceptarme
mis vanos argumentos irascibles.
Las manchas de humedad en la cortina
cubriendo todo brillo impertinente
es toda la razón que me sostiene,
en esta brevedad que me aniquila.
Será la soledad mi compañera.
Jirones del ayer en el ropero.
Botellas que me auxilian por las noches.
Preguntas desbordando ceniceros.
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