Paseo por Estocolmo

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

PASEO POR ESTOCOLMO



Hola, mamá.
Tenía tantas ganas de encontrarme contigo.

Hace un día precioso, Andreas;
la brisa está teñida de celestes y amarillos
que parecen prestados de un cuadro de Sorolla.
¿Qué te parece si nos paseamos mi querida Estocolmo
mientras te cuento las historias de mi vida?
El vuelo sale en seis horas, tenemos tiempo de sobra…;
aunque, a decir verdad, el tiempo
nunca estuvo de más.

Hagámoslo, mamá.
Solo te pido una cosa: que me agarres muy fuerte.

Y me llega el anecdotario
de una vida que rueda calle abajo.

Isla, infancia, nevadas, patines, bosques, lumbre,
hermano, madre, ausencia, puente, vacío, novios,
piso, Estocolmo, amiga, Santander, Madrid, Aute,
moscatel, Santa Ana, Sacromonte, guitarras,
Delibes, ajedrez, juntos, los dos, azules,
bar «Rojo y Negro», Málaga, primos, farmacia, porros,
tabernas, sexo, amor, despedida, autostop,
frontera, decisión, retorno, Santander,
sombras, Ángel, ¡aquí!, «casa verde», felices,
barrio pesquero, cuadro, esplendor, luna llena,
hijo, nieve, abedules, hogar, San Sebastián,
juventud, puño en alto, Parte Vieja, Carrero,
pasquines, vorágine, Partido Comunista…


¡Mira, mamá!, las nuevas esclusas del casco antiguo
que separan el gran lago
del mar de nuestra niñez.
Siempre fue nuestro Cuerno de Oro…

¿Qué te parece si en este meridiano vital nos tomamos
un buen café y un bollo de canela de los que preparaba murmur?

Compro el bollo y lo dejo en la mesa más linda de la terraza,
justo al lado del mar. Regreso al local y me sirvo los dos cafés.
Y al salir, ¡me cago en dios!, ¡cómo es posible, ¡joder!: me encuentro
con una enorme gaviota posada en nuestra mesa
con el bollo encajado en su pico naranja.
Y corro hacia ella como un puto loco
apartando torpemente con la cadera
las sillas y las mesas mientras vierto en mi pecho
los dos cafés con leche…, con leche entera, ¡entero todo!
Juraría que la muy jodida me ha guiñado un ojo
mientras levantaba el vuelo hacia el cielo de su fiesta.

¡Pero qué hostias pretendía con esta patética carrera!
Ni que la gaviota fuera un asesino en serie
y yo Kurt Wallander tratando de detenerlo.
Además, nunca se me dio bien ser un héroe.
¿Es que acaso le hubiera retorcido el gaznate
si la hubiera agarrado por una de sus patas?
Y después ¿qué?
Rodeado de una orgía sádica de plumas volanderas
y con la camiseta llena de café y sangre de gaviota,
¿acaso me hubiera acomodado en esta ilustre silla de forja blanca
para comerme a bocaditos lentos el bo-lli-to de canela
y gozar de este mar iridiscente
como si nada hubiera sucedido?

El descojono es general: Un joven trajeado
se cubre la boca con una servilleta
y hace como que tose el muy cabrón.
Una señora muy elegante permanece inmóvil,
con su taza a una micra de sus labios amaranto,
mientras me observa inquisitiva con el gesto de: «no serás capaz
de proseguir con tu comportamiento anormal, ¿verdad?».
Y unos niños suecos rubitos de anuncio
(muy de la moda aria de los años 40)
me ametrallan con sus dedos
—igualitos a los que nos llamaban turcos,
hermana, cuando jugábamos sobre el hielo
en las tardes de navidad—,
y se agachan —los chavales— para aliviar el dolor de sus carcajadas.
Todos se ríen, ¿y yo?, pues también; qué le voy a hacer.
Hasta mi madre se ríe, y eso
me basta.

¿Por dónde iba…, Andreas?; ¡ah, sí!

Partido Comunista, hija, duende, colegio,
frutas, maduras, planes, rosas, vino, ansiedad,
trabajo, discusiones, primavera, Mojácar,
isla, ocasos, momentos, para siempre, familia,
gasolineras, cáncer, crisálidas, partidas,
vacío, hierro, sal, noche, de pronto, luz,
Carlos, amanecer, horizontes, Raúl,
amor, latido, anécdotas, hijos, navidades,
viajes, cava, vejez, vida, aún, isla,

mar…


¡Mamá! Pidamos una cerveza y brindemos
como si fuera el trago definitivo. Pero antes
te pido que me abraces con toda tu alma.
Una frase similar le soltó Humphrey a Ingrid, ¿no?

No, era aquella de: «siempre nos quedará Estocolmo».

Pensar en no tenerte
es sentir el temblor de aquel niño de tres años
que pedaleaba con la prisa del miedo quimérico
sobre su triciclo de faritos azules.

Por cierto, mamá, ¿te había contado
que cuatro meses antes de que se muriese papá
nos emborrachamos juntos? Fue la primera y la última vez.
Aquella conversación se convirtió en la «Piedra de Rosetta»
que me permitió descifrar la alquimia arabesca de mi padre.
Contigo, mamá, he tenido la suerte de poder escribirte
todos los versos que tenía pendientes. Los escribí para ti
y para mí. Los escribí
para poder sentir en los rizomas del aire
cada sutil tremolina que provoca tu voz,
para poder adivinar la física que gobierna
tu mirada aguamarina.

Los escribí, querida madre, para ser protagonista
de nuestro efímero prólogo de luz.

Andreas, yo te pido que no estés triste cuando…
¡Mamá!, tenemos que marcharnos al aeropuerto.


—Caballero, ¿qué es lo que contiene esta urna?
—Las cenizas de mi madre.
—Debemos pasarla por el escáner.

—Sin problema. Va a tener usted la fortuna
de poder admirar
la aventura más bella

jamás concebida.​


Kalkbadan
Madrid, 14 de septiembre de 2024
 
Última edición:
PASEO POR ESTOCOLMO


Hola, mamá.
Tenía tantas ganas de encontrarme contigo.

Hace un día precioso, Andreas;
la brisa está teñida de celestes y amarillos
que parecen prestados de un cuadro de Sorolla.
¿Qué te parece si nos paseamos mi querida Estocolmo
mientras te cuento las historias de mi vida?
El avión sale en seis horas, tenemos tiempo de sobra…;
aunque, a decir verdad, el tiempo
realmente nunca está de más.

Hagámoslo, mamá.
Solo te pido que me agarres fuerte,
que me derrumbo de solo pensar
que pueda perder a lo que más quiero en este mundo.

Y ruedan con nosotros las anécdotas calle abajo.

Isla, infancia, nevadas, patines, bosques, lumbre,
hermano, madre, ausencia, puente, vacío, novios,
piso, Estocolmo, amiga, Santander, Madrid, Aute,
moscatel, Santa Ana, Sacromonte, guitarras,
Delibes, ajedrez, juntos, los dos, azules,
bar «Rojo y Negro», Málaga, primos, farmacia, porros,
tabernas, sexo, amor, despedida, autostop,
frontera, decisión, retorno, Santander,
sombras, Ángel, de pronto, «casa verde»,
barrio pesquero, cuadro, esplendor, luna llena,
hijo, nieve, abedules, hogar, San Sebastián,
juventud, puño en alto, Parte Vieja, Carrero,
pasquines, libertad, Partido Comunista…


¡Mira, mamá!, las nuevas esclusas del casco antiguo
que separan el gran lago
del mar de nuestra niñez.
Es nuestro amado Cuerno de Oro…

¿Qué te parece si nos tomamos en este meridiano vital
un buen café y un bollo de canela de los que hacía tu mamá?

Compro el bollo y lo dejo en la mesa más linda de la terraza,
justo al lado del mar. Regreso al local y me sirvo los dos cafés.
Y al salir, ¡me cago en dios!, ¡cómo es posible!, me encuentro
con una enorme gaviota posada en nuestra mesa
con el bollo entero encajado en su pico naranja.
Y corro hacia ella como un puto loco
apartando torpemente con la cadera
las mesas y las sillas mientras vierto en mi pecho
los dos cafés con leche…, con leche entera, ¡entero todo!
Juraría que la muy jodida me ha guiñado un ojo
mientras levantaba el vuelo hacia el cielo de su fiesta.

¡Pero qué hostias pretendía con esta patética carrera!
Ni que la gaviota fuera un asesino en serie
y yo Kurt Wallander tratando de detenerlo.
Además, nunca se me dio bien ser un héroe.
¿Es que acaso le hubiera retorcido el gaznate
si la hubiera agarrado por una de sus patas?
Y después ¿qué?
Rodeado de una orgía sádica de plumas volanderas
y con la camiseta llena de café y sangre de gaviota,
¿acaso me hubiera acomodado en esta ilustre silla de forja blanca
para comerme a bocaditos lentos el bollo de canela
y gozar de este mar iridiscente
como si nada hubiera sucedido?

El descojono es general: Un joven trajeado
se cubre la boca con una servilleta
y hace como que tose el muy cabrón.
Una señora muy elegante permanece inmóvil,
con su taza de café a una micra de sus labios rojos,
mientras me observa inquisitiva con el gesto de: «no serás capaz
de proseguir con tu comportamiento anormal, ¿verdad?».
Y unos niños suecos rubitos de anuncio
(muy de la moda aria de los años 40)
me ametrallan con sus dedos,
—igualitos a los que nos llamaban turcos,
hermana, cuando jugábamos sobre el hielo
en las tardes de navidad—
y se agachan —los chavales— para aliviar el dolor de sus carcajadas.
Todos se ríen, ¿y yo?, pues también; qué le voy a hacer.
Hasta mi madre se ríe, y eso me basta.

¿Por dónde iba…, Andreas?; ¡ah, sí!

Partido Comunista, hija, duende, rutina,
frutas, maduras, planes, rosas, vino, ansiedad,
trabajo, discusiones, primavera, Mojácar,
isla, ocasos, momentos, para siempre, familia,
gasolineras, cáncer, crisálidas, partidas,
vacío, hierro, sal, noche noche, pavesas,
Carlos, amanecer, horizontes, Raúl,
amor, latido, anécdotas, hijos, navidades,
viajes, cava, vejez, vida, aún, isla, mar…


¡Mamá! Pidamos una cerveza y brindemos
como si fuera el trago definitivo. Pero antes
¿me acompañas hasta el baño una última vez?
Una frase parecida le soltó Humphrey a Ingrid Bergman, ¿no?

No, era aquella de: «siempre nos quedará Estocolmo».
Por favor, hijo mío, no me seas gilipollas,
que ya tienes edad para mear solo.

Pero es que si no estás conmigo
siento el temblor de aquel niño de tres años
que pedaleaba con la prisa del miedo
en su triciclo de faritos azules.

Por cierto, mamá, ¿te había contado
que cuatro meses antes de que se muriese papá
nos emborrachamos juntos? Fue la primera y última vez.
Aquella conversación es la «Piedra de Rosetta»
que me ha permitido descifrar la alquimia arabesca de mi padre.
Contigo, mamá, he tenido la suerte de poder escribirte
todos los versos que tenía pendientes. Los escribí para ti
y para mí. Los escribí
para poder sentir en los rizomas del aire
cada sutil tremolina que provoca tu voz,
para poder comprender la física del cosmos que gobierna
tu mirada aguamarina.
Los escribí para ser protagonista, querida madre,
de nuestro efímero prólogo de luz.

Andreas, yo te pido que no estés triste cuando…
¡Mamá!, tenemos que marcharnos al aeropuerto.

—Caballero, ¿qué es lo que contiene esta urna?
—Las cenizas de mi madre.
—Debemos pasarla por el escáner.
—Sin problema. Va a tener usted la fortuna
de poder admirar
la historia más bella

jamás contada.​


Kalkbadan
Madrid, 14 de septiembre de 2024
Dulce historia para reflexionar.

Saludos
 
PASEO POR ESTOCOLMO


Hola, mamá.
Tenía tantas ganas de encontrarme contigo.

Hace un día precioso, Andreas;
la brisa está teñida de celestes y amarillos
que parecen prestados de un cuadro de Sorolla.
¿Qué te parece si nos paseamos mi querida Estocolmo
mientras te cuento las historias de mi vida?
El avión sale en seis horas, tenemos tiempo de sobra…;
aunque, a decir verdad, el tiempo
realmente nunca está de más.

Hagámoslo, mamá.
Solo te pido que me agarres fuerte,
que me derrumbo de solo pensar
que pueda perder a lo que más quiero en este mundo.

Y ruedan con nosotros las anécdotas calle abajo.

Isla, infancia, nevadas, patines, bosques, lumbre,
hermano, madre, ausencia, puente, vacío, novios,
piso, Estocolmo, amiga, Santander, Madrid, Aute,
moscatel, Santa Ana, Sacromonte, guitarras,
Delibes, ajedrez, juntos, los dos, azules,
bar «Rojo y Negro», Málaga, primos, farmacia, porros,
tabernas, sexo, amor, despedida, autostop,
frontera, decisión, retorno, Santander,
sombras, Ángel, de pronto, «casa verde»,
barrio pesquero, cuadro, esplendor, luna llena,
hijo, nieve, abedules, hogar, San Sebastián,
juventud, puño en alto, Parte Vieja, Carrero,
pasquines, vorágine, Partido Comunista…


¡Mira, mamá!, las nuevas esclusas del casco antiguo
que separan el gran lago
del mar de nuestra niñez.
Es nuestro querido Cuerno de Oro…

¿Qué te parece si nos tomamos en este meridiano vital
un buen café y un bollo de canela de los que hacía tu mamá?

Compro el bollo y lo dejo en la mesa más linda de la terraza,
justo al lado del mar. Regreso al local y me sirvo los dos cafés.
Y al salir, ¡me cago en dios!, ¡cómo es posible!, me encuentro
con una enorme gaviota posada en nuestra mesa
con el bollo entero encajado en su pico naranja.
Y corro hacia ella como un puto loco
apartando torpemente con la cadera
las mesas y las sillas mientras vierto en mi pecho
los dos cafés con leche…, con leche entera, ¡entero todo!
Juraría que la muy jodida me ha guiñado un ojo
mientras levantaba el vuelo hacia el cielo de su fiesta.

¡Pero qué hostias pretendía con esta patética carrera!
Ni que la gaviota fuera un asesino en serie
y yo Kurt Wallander tratando de detenerlo.
Además, nunca se me dio bien ser un héroe.
¿Es que acaso le hubiera retorcido el gaznate
si la hubiera agarrado por una de sus patas?
Y después ¿qué?
Rodeado de una orgía sádica de plumas volanderas
y con la camiseta llena de café y sangre de gaviota,
¿acaso me hubiera acomodado en esta ilustre silla de forja blanca
para comerme a bocaditos lentos el bollo de canela
y gozar de este mar iridiscente
como si nada hubiera sucedido?

El descojono es general: Un joven trajeado
se cubre la boca con una servilleta
y hace como que tose el muy cabrón.
Una señora muy elegante permanece inmóvil,
con su taza de café a una micra de sus labios rojos,
mientras me observa inquisitiva con el gesto de: «no serás capaz
de proseguir con tu comportamiento anormal, ¿verdad?».
Y unos niños suecos rubitos de anuncio
(muy de la moda aria de los años 40)
me ametrallan con sus dedos,
—igualitos a los que nos llamaban turcos,
hermana, cuando jugábamos sobre el hielo
en las tardes de navidad—
y se agachan —los chavales— para aliviar el dolor de sus carcajadas.
Todos se ríen, ¿y yo?, pues también; qué le voy a hacer.
Hasta mi madre se ríe, y eso me basta.

¿Por dónde iba…, Andreas?; ¡ah, sí!

Partido Comunista, hija, duende, rutina,
frutas, maduras, planes, rosas, vino, ansiedad,
trabajo, discusiones, primavera, Mojácar,
isla, ocasos, momentos, para siempre, familia,
gasolineras, cáncer, crisálidas, partidas,
vacío, hierro, sal, noche, noche, pavesas,
Carlos, amanecer, horizontes, Raúl,
amor, latido, anécdotas, hijos, navidades,
viajes, cava, vejez, vida, aún, isla, mar…


¡Mamá! Pidamos una cerveza y brindemos
como si fuera el trago definitivo. Pero antes
¿me acompañas hasta el baño una última vez?
Una frase parecida le soltó Humphrey a Ingrid Bergman, ¿no?

No, era aquella de: «siempre nos quedará Estocolmo».
A ver, Andreas,
que ya tienes edad para mear solo.

Pero es que si no estás conmigo
siento el temblor de aquel niño de tres años
que pedaleaba con la prisa del miedo quimérico
en su triciclo de faritos azules.

Por cierto, mamá, ¿te había contado
que cuatro meses antes de que se muriese papá
nos emborrachamos juntos? Fue la primera y última vez.
Aquella conversación es la «Piedra de Rosetta»
que me ha permitido descifrar la alquimia arabesca de mi padre.
Contigo, mamá, he tenido la suerte de poder escribirte
todos los versos que tenía pendientes. Los escribí para ti
y para mí. Los escribí
para poder sentir en los rizomas del aire
cada sutil tremolina que provoca tu voz,
para poder comprender la física del cosmos que gobierna
tu mirada aguamarina.
Los escribí para ser protagonista, querida madre,
de nuestro efímero prólogo de luz.

Andreas, yo te pido que no estés triste cuando…
¡Mamá!, tenemos que marchar al aeropuerto.

—Caballero, ¿qué es lo que contiene esta urna?
—Las cenizas de mi madre.
—Debemos pasarla por el escáner.

—Sin problema. Va a tener usted la fortuna
de poder admirar
la aventura más bella

jamás contada.​


Kalkbadan
Madrid, 14 de septiembre de 2024
Maravilla, original, divertido y lleno de color cómo cuadro de pequeños mosaicos. Un gusto leerte.

Mosaicos-la-siesta.png
 
Última edición:
PASEO POR ESTOCOLMO


Hola, mamá.
Tenía tantas ganas de encontrarme contigo.

Hace un día precioso, Andreas;
la brisa está teñida de celestes y amarillos
que parecen prestados de un cuadro de Sorolla.
¿Qué te parece si nos paseamos mi querida Estocolmo
mientras te cuento las historias de mi vida?
El avión sale en seis horas, tenemos tiempo de sobra…;
aunque, a decir verdad, el tiempo
realmente nunca está de más.

Hagámoslo, mamá.
Solo te pido que me agarres fuerte,
que me derrumbo de solo pensar
que pueda perder a lo que más quiero en este mundo.

Y me llega el anecdotario
de una vida que rueda calle abajo.

Isla, infancia, nevadas, patines, bosques, lumbre,
hermano, madre, ausencia, puente, vacío, novios,
piso, Estocolmo, amiga, Santander, Madrid, Aute,
moscatel, Santa Ana, Sacromonte, guitarras,
Delibes, ajedrez, juntos, los dos, azules,
bar «Rojo y Negro», Málaga, primos, farmacia, porros,
tabernas, sexo, amor, despedida, autostop,
frontera, decisión, retorno, Santander,
sombras, Ángel, ¡aquí!, «casa verde», felices,
barrio pesquero, cuadro, esplendor, luna llena,
hijo, nieve, abedules, hogar, San Sebastián,
juventud, puño en alto, Parte Vieja, Carrero,
pasquines, vorágine, Partido Comunista…


¡Mira, mamá!, las nuevas esclusas del casco antiguo
que separan el gran lago
del mar de nuestra niñez.
Siempre fue nuestro Cuerno de Oro…

¿Qué te parece si nos tomamos en este meridiano vital
un buen café y un bollo de canela de los que preparaba murmur?

Compro el bollo y lo dejo en la mesa más linda de la terraza,
justo al lado del mar. Regreso al local y me sirvo los dos cafés.
Y al salir, ¡me cago en dios!, ¡cómo es posible!, me encuentro
con una enorme gaviota posada en nuestra mesa
con el bollo entero encajado en su pico naranja.
Y corro hacia ella como un puto loco
apartando torpemente con la cadera
las mesas y las sillas mientras vierto en mi pecho
los dos cafés con leche…, con leche entera, ¡entero todo!
Juraría que la muy jodida me ha guiñado un ojo
mientras levantaba el vuelo hacia el cielo de su fiesta.

¡Pero qué hostias pretendía con esta patética carrera!
Ni que la gaviota fuera un asesino en serie
y yo Kurt Wallander tratando de detenerlo.
Además, nunca se me dio bien ser un héroe.
¿Es que acaso le hubiera retorcido el gaznate
si la hubiera agarrado por una de sus patas?
Y después ¿qué?
Rodeado de una orgía sádica de plumas volanderas
y con la camiseta llena de café y sangre de gaviota,
¿acaso me hubiera acomodado en esta ilustre silla de forja blanca
para comerme a bocaditos lentos el bollo de canela
y gozar de este mar iridiscente
como si nada hubiera sucedido?

El descojono es general: Un joven trajeado
se cubre la boca con una servilleta
y hace como que tose el muy cabrón.
Una señora muy elegante permanece inmóvil,
con su taza de café a una micra de sus labios rojos,
mientras me observa inquisitiva con el gesto de: «no serás capaz
de proseguir con tu comportamiento anormal, ¿verdad?».
Y unos niños suecos rubitos de anuncio
(muy de la moda aria de los años 40)
me ametrallan con sus dedos
—igualitos a los que nos llamaban turcos,
hermana, cuando jugábamos sobre el hielo
en las tardes de navidad—,
y se agachan —los chavales— para aliviar el dolor de sus carcajadas.
Todos se ríen, ¿y yo?, pues también; qué le voy a hacer.
Hasta mi madre se ríe, y eso
me basta.

¿Por dónde iba…, Andreas?; ¡ah, sí!

Partido Comunista, hija, duende, colegio,
frutas, maduras, planes, rosas, vino, ansiedad,
trabajo, discusiones, primavera, Mojácar,
isla, ocasos, momentos, para siempre, familia,
gasolineras, cáncer, crisálidas, partidas,
vacío, hierro, sal, noche, de pronto, luz,
Carlos, amanecer, horizontes, Raúl,
amor, latido, anécdotas, hijos, navidades,
viajes, cava, vejez, vida, aún, isla,

mar…


¡Mamá! Pidamos una cerveza y brindemos
como si fuera el trago definitivo. Pero antes
te pido que me abraces con toda tu alma.
Una frase similar le soltó Humphrey a Ingrid, ¿no?

No, era aquella de: «siempre nos quedará Estocolmo».

Pensar en no tenerte
es sentir el temblor de aquel niño de tres años
que pedaleaba con la prisa del miedo quimérico
en su triciclo de faritos azules.

Por cierto, mamá, ¿te había contado
que cuatro meses antes de que se muriese papá
nos emborrachamos juntos? Fue la primera y la última vez.
Aquella conversación se convirtió en la «Piedra de Rosetta»
que me permitió descifrar la alquimia arabesca de mi padre.
Contigo, mamá, he tenido la suerte de poder escribirte
todos los versos que tenía pendientes. Los escribí para ti
y para mí. Los escribí
para poder sentir en los rizomas del aire
cada sutil tremolina que provoca tu voz,
para poder adivinar la física que gobierna
tu mirada aguamarina.

Los escribí, querida madre, para ser protagonista
de nuestro efímero prólogo de luz.

Andreas, yo te pido que no estés triste cuando…
¡Mamá!, tenemos que marcharnos al aeropuerto.


—Caballero, ¿qué es lo que contiene esta urna?
—Las cenizas de mi madre.
—Debemos pasarla por el escáner.

—Sin problema. Va a tener usted la fortuna
de poder admirar
la aventura más bella

jamás concebida.​


Kalkbadan
Madrid, 14 de septiembre de 2024
Querido Andreas:Qué paseo tan hermoso en compañia de tu ser mas querido.
Nos cuentas con ese maravilloso estilo tuyo, la belleza del lugar, su colorido, cada instante del presente y el pasado
que recorren tu mirada y tu mente, momentos de tu vida, y me conmuve, no sabes cuanto, esa conversación con tu madre.
Todo habla del inmenso amor que le tenias y habla de ella de como su amor por ti dejo esa maravillosa huella del hombre que eres, del niño que fuiste y de cuanto de ella hay en ti.
Gracias por haber compartido todo este amor que acompañó tu vida y te convirtió en un ser humano con una sensibilidad exquisita, que vuelcas en tu poesia.
Ella compañará tus dias, Andreas,para siempre.
Un enorme abrazo.
Isabel
 
Querido Andreas:Qué paseo tan hermoso en compañia de tu ser mas querido.
Nos cuentas con ese maravilloso estilo tuyo, la belleza del lugar, su colorido, cada instante del presente y el pasado
que recorren tu mirada y tu mente, momentos de tu vida, y me conmuve, no sabes cuanto, esa conversación con tu madre.
Todo habla del inmenso amor que le tenias y habla de ella de como su amor por ti dejo esa maravillosa huella del hombre que eres, del niño que fuiste y de cuanto de ella hay en ti.
Gracias por haber compartido todo este amor que acompañó tu vida y te convirtió en un ser humano con una sensibilidad exquisita, que vuelcas en tu poesia.
Ella compañará tus dias, Andreas,para siempre.
Un enorme abrazo.
Isabel
Cómo agradezco tus palabras, mi querida Isabel... Me hace muy feliz este mensaje tuyo.
Un abrazo infinito.

Andreas
 

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