kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
PASEO POR ESTOCOLMO
Hola, mamá.
Tenía tantas ganas de encontrarme contigo.
Hace un día precioso, Andreas;
la brisa está teñida de celestes y amarillos
que parecen prestados de un cuadro de Sorolla.
¿Qué te parece si nos paseamos mi querida Estocolmo
mientras te cuento las historias de mi vida?
El vuelo sale en seis horas, tenemos tiempo de sobra…;
aunque, a decir verdad, el tiempo
nunca estuvo de más.
Hagámoslo, mamá.
Solo te pido una cosa: que me agarres muy fuerte.
Y me llega el anecdotario
de una vida que rueda calle abajo.
Isla, infancia, nevadas, patines, bosques, lumbre,
hermano, madre, ausencia, puente, vacío, novios,
piso, Estocolmo, amiga, Santander, Madrid, Aute,
moscatel, Santa Ana, Sacromonte, guitarras,
Delibes, ajedrez, juntos, los dos, azules,
bar «Rojo y Negro», Málaga, primos, farmacia, porros,
tabernas, sexo, amor, despedida, autostop,
frontera, decisión, retorno, Santander,
sombras, Ángel, ¡aquí!, «casa verde», felices,
barrio pesquero, cuadro, esplendor, luna llena,
hijo, nieve, abedules, hogar, San Sebastián,
juventud, puño en alto, Parte Vieja, Carrero,
pasquines, vorágine, Partido Comunista…
¡Mira, mamá!, las nuevas esclusas del casco antiguo
que separan el gran lago
del mar de nuestra niñez.
Siempre fue nuestro Cuerno de Oro…
¿Qué te parece si en este meridiano vital nos tomamos
un buen café y un bollo de canela de los que preparaba murmur?
Compro el bollo y lo dejo en la mesa más linda de la terraza,
justo al lado del mar. Regreso al local y me sirvo los dos cafés.
Y al salir, ¡me cago en dios!, ¡cómo es posible, ¡joder!: me encuentro
con una enorme gaviota posada en nuestra mesa
con el bollo encajado en su pico naranja.
Y corro hacia ella como un puto loco
apartando torpemente con la cadera
las sillas y las mesas mientras vierto en mi pecho
los dos cafés con leche…, con leche entera, ¡entero todo!
Juraría que la muy jodida me ha guiñado un ojo
mientras levantaba el vuelo hacia el cielo de su fiesta.
¡Pero qué hostias pretendía con esta patética carrera!
Ni que la gaviota fuera un asesino en serie
y yo Kurt Wallander tratando de detenerlo.
Además, nunca se me dio bien ser un héroe.
¿Es que acaso le hubiera retorcido el gaznate
si la hubiera agarrado por una de sus patas?
Y después ¿qué?
Rodeado de una orgía sádica de plumas volanderas
y con la camiseta llena de café y sangre de gaviota,
¿acaso me hubiera acomodado en esta ilustre silla de forja blanca
para comerme a bocaditos lentos el bo-lli-to de canela
y gozar de este mar iridiscente
como si nada hubiera sucedido?
El descojono es general: Un joven trajeado
se cubre la boca con una servilleta
y hace como que tose el muy cabrón.
Una señora muy elegante permanece inmóvil,
con su taza a una micra de sus labios amaranto,
mientras me observa inquisitiva con el gesto de: «no serás capaz
de proseguir con tu comportamiento anormal, ¿verdad?».
Y unos niños suecos rubitos de anuncio
(muy de la moda aria de los años 40)
me ametrallan con sus dedos
—igualitos a los que nos llamaban turcos,
hermana, cuando jugábamos sobre el hielo
en las tardes de navidad—,
y se agachan —los chavales— para aliviar el dolor de sus carcajadas.
Todos se ríen, ¿y yo?, pues también; qué le voy a hacer.
Hasta mi madre se ríe, y eso
me basta.
¿Por dónde iba…, Andreas?; ¡ah, sí!
Partido Comunista, hija, duende, colegio,
frutas, maduras, planes, rosas, vino, ansiedad,
trabajo, discusiones, primavera, Mojácar,
isla, ocasos, momentos, para siempre, familia,
gasolineras, cáncer, crisálidas, partidas,
vacío, hierro, sal, noche, de pronto, luz,
Carlos, amanecer, horizontes, Raúl,
amor, latido, anécdotas, hijos, navidades,
viajes, cava, vejez, vida, aún, isla,
mar…
¡Mamá! Pidamos una cerveza y brindemos
como si fuera el trago definitivo. Pero antes
te pido que me abraces con toda tu alma.
Una frase similar le soltó Humphrey a Ingrid, ¿no?
No, era aquella de: «siempre nos quedará Estocolmo».
Pensar en no tenerte
es sentir el temblor de aquel niño de tres años
que pedaleaba con la prisa del miedo quimérico
sobre su triciclo de faritos azules.
Por cierto, mamá, ¿te había contado
que cuatro meses antes de que se muriese papá
nos emborrachamos juntos? Fue la primera y la última vez.
Aquella conversación se convirtió en la «Piedra de Rosetta»
que me permitió descifrar la alquimia arabesca de mi padre.
Contigo, mamá, he tenido la suerte de poder escribirte
todos los versos que tenía pendientes. Los escribí para ti
y para mí. Los escribí
para poder sentir en los rizomas del aire
cada sutil tremolina que provoca tu voz,
para poder adivinar la física que gobierna
tu mirada aguamarina.
Los escribí, querida madre, para ser protagonista
de nuestro efímero prólogo de luz.
Andreas, yo te pido que no estés triste cuando…
¡Mamá!, tenemos que marcharnos al aeropuerto.
—Caballero, ¿qué es lo que contiene esta urna?
—Las cenizas de mi madre.
—Debemos pasarla por el escáner.
—Sin problema. Va a tener usted la fortuna
de poder admirar
la aventura más bella
jamás concebida.
Kalkbadan
Madrid, 14 de septiembre de 2024
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