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Terapia de choque

Jorbin_Pineda

Poeta recién llegado
No es fácil abrirse las heridas
y decirle a los demás: “Miren,
de esto estoy hecho,
este puñado de errores es mi vida
.”

Me presento, para propios y extraños:
véanme el rostro, el cuerpo, las manos.
Soy todo lo que ven, ni más ni menos,
soy pasado, llanto, alegría, invierno y verano.

Hablo con Dios todas las noches.
Nos contamos nuestros pecados;
Él se disculpa por las veces que me siento solo,
y yo hago lo mismo,
porque a veces soy yo quien lo abandono.
Él me perdona,
y yo, bueno, yo también lo perdono.

Meto los dedos en sus llagas,
mientras Él, en silencio, lava las mías.
Le agradezco por el aire que respiro
y por el que me falta
cuando amo sin medida.

Y aunque la vida a veces se empeñe
en llevarme la contraria,
aún no me ha robado la sonrisa;
todavía me detengo a ver los atardeceres
y me consuelo en las noches de luna llena.

Por mi parte, aún voy al psicólogo.
Le digo que no se preocupe,
que yo hablo con Dios.
Al principio no me creyó, le dio risa.
Ayer su hija murió,
y hoy, con lágrimas en los ojos, me pidió:
Si de verdad hablas con Dios,
¿puedes agendarme una cita?

-Jorbin Pineda
 
No es fácil abrirse las heridas
y decirle a los demás: “Miren,
de esto estoy hecho,
este puñado de errores es mi vida
.”

Me presento, para propios y extraños:
véanme el rostro, el cuerpo, las manos.
Soy todo lo que ven, ni más ni menos,
soy pasado, llanto, alegría, invierno y verano.

Hablo con Dios todas las noches.
Nos contamos nuestros pecados;
Él se disculpa por las veces que me siento solo,
y yo hago lo mismo,
porque a veces soy yo quien lo abandono.
Él me perdona,
y yo, bueno, yo también lo perdono.

Meto los dedos en sus llagas,
mientras Él, en silencio, lava las mías.
Le agradezco por el aire que respiro
y por el que me falta
cuando amo sin medida.

Y aunque la vida a veces se empeñe
en llevarme la contraria,
aún no me ha robado la sonrisa;
todavía me detengo a ver los atardeceres
y me consuelo en las noches de luna llena.

Por mi parte, aún voy al psicólogo.
Le digo que no se preocupe,
que yo hablo con Dios.
Al principio no me creyó, le dio risa.
Ayer su hija murió,
y hoy, con lágrimas en los ojos, me pidió:
Si de verdad hablas con Dios,
¿puedes agendarme una cita?

-Jorbin Pineda
Líneas muy tristes.

Saludos
 
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