Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay horas bestiales
que adornan las comisuras de mi alma,
como si fueran clavos.
Aseguran palabras muertas
detrás de tus labios.
Se clavan despiadadamente
hasta encontrar un madero
que se retuerza y grite,
grite en mi oído:
“Hubo un tiempo...
en el que el sol,
no era una estrella
moribunda”
Tiempo en que el cinismo
no existía.
En que no era
la perpendicular herida
volcada de placer y dolor.
Tiempo en que no eran,
el péndulo que rige mi corazón.
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