Reflexión 9

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Es la luz que nos enmudece,
la sabiduría que nos grita,
la sapiencia aturdida
que de a poco fenece,

en el cielo se admira
el final
de todo lo que imaginaríamos,

sobre estos suelos descansará la parca,
vomitando sueños y sangre,
entre milenios perdidos,
el abandono no entiende de humanidad,

no hay lugar donde esconderse,
cuando la luz nos inunda,
y nuestras sombras nos persiguen,
secarán nuestras lenguas,
las tintas rojas,

entre páginas que serán polvo,
y arena para el miedo,
contarán las últimas motas,
como los muertos cuentan
sus segundos
antes de perder
sus recuerdos,

aún el humano es rebaño,
ni tantos años nos han dañado,
más que la ignorancia,
el odio, o el miedo,
temblaremos de frío,
por mantener esta irrealidad,

la codicia o el conformismo,

nadie puede huir
sin desnudarse ante la luna,
clavará cada estrella,
como lanza entre la carne,

vislumbramos
que no todo es observable,

gélido y profundo pesar
esconde la muerte,
para aquellos afortunados
que nunca han de sentir el dolor ajeno,
les aguarda en la espera,
la sensación
de no pertenecer a este mundo,

y la luna será devorada por el sol,

él escupirá toneladas de sueños,
tan pesados como ardientes,

impactarán los sollozos de cada ser,
en nuestros ojos roídos,

y la inmensa lluvia
caerá junto a la eternidad,

quedarán rastros de tristeza,
si el viento no los borra,

el tiempo se consume,
como la tinta se ha de acabar,
para quemarse con desahogo,

desatarán los nudos del creador,

contemplarán la verdad por un instante,
porque su creación solo se ha hecho
para conducirla hacia ese pensamiento,
hacia ese saber tan buscado,

la voluntad tiñe
con cada color nuestro sentir.
 
Es la luz que nos enmudece,
la sabiduría que nos grita,
la sapiencia aturdida
que de a poco fenece,

en el cielo se admira
el final
de todo lo que imaginaríamos,

sobre estos suelos descansará la parca,
vomitando sueños y sangre,
entre milenios perdidos,
el abandono no entiende de humanidad,

no hay lugar donde esconderse,
cuando la luz nos inunda,
y nuestras sombras nos persiguen,
secarán nuestras lenguas,
las tintas rojas,

entre páginas que serán polvo,
y arena para el miedo,
contarán las últimas motas,
como los muertos cuentan
sus segundos
antes de perder
sus recuerdos,

aún el humano es rebaño,
ni tantos años nos han dañado,
más que la ignorancia,
el odio, o el miedo,
temblaremos de frío,
por mantener esta irrealidad,

la codicia o el conformismo,

nadie puede huir
sin desnudarse ante la luna,
clavará cada estrella,
como lanza entre la carne,

vislumbramos
que no todo es observable,

gélido y profundo pesar
esconde la muerte,
para aquellos afortunados
que nunca han de sentir el dolor ajeno,
les aguarda en la espera,
la sensación
de no pertenecer a este mundo,

y la luna será devorada por el sol,

él escupirá toneladas de sueños,
tan pesados como ardientes,

impactarán los sollozos de cada ser,
en nuestros ojos roídos,

y la inmensa lluvia
caerá junto a la eternidad,

quedarán rastros de tristeza,
si el viento no los borra,

el tiempo se consume,
como la tinta se ha de acabar,
para quemarse con desahogo,

desatarán los nudos del creador,

contemplarán la verdad por un instante,
porque su creación solo se ha hecho
para conducirla hacia ese pensamiento,
hacia ese saber tan buscado,

la voluntad tiñe
con cada color nuestro sentir.
Así transita entre el pensamiento y la voluntad.

Saludos
 

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