Reflexión 11

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Se niega el día a nacer,
se ciernen las peores pesadillas,
de tuertos poetas,
de sangre y acierto,
de cuerdos cometas,

se niegan las mustias flores,
a los albores de tiempos perfectos,
porque hasta dios se equivoca,

se niega el ciego,
porque no conoce su imaginación del todo,

aún se dice del edén,
que promueve una esclavitud
que al final se paga con la vida,

se dice que el cielo no tiene fin,
así mismo el infierno,

así mismo el vicio,
de desquicios lunares,

así mismo todo lo que fluye,
por la sequedad del viento,
por la edad del tiempo,
y la sabiduría del templo astral
en el que todos somos bondad,

no hay vislumbre que opaque al corazón,

porque su razón lo es todo,

cuando cada latido hace eco,
entre paredes inmensas,
entre cimientos de anhelos indescifrables,

la eternidad marcó el compás,
de un último baile,

caen los segundos compartidos,
como montañas de vidas,

caen las almas como la lluvia,
la tormenta ha empezado su jugada,
seremos peones de carne,

ganará el que tenga escudo,
pues todo cuerpo muere mudo,
cuando el habla se desnuda,

perderá el que goce de paz,
pues habrá guerra,
cuando la cabeza de Caronte ruede,
sin consuelo por su río,
hasta los pies de un nuevo cielo,

un nuevo hogar,
para una nueva muerte.
 
Se niega el día a nacer,
se ciernen las peores pesadillas,
de tuertos poetas,
de sangre y acierto,
de cuerdos cometas,

se niegan las mustias flores,
a los albores de tiempos perfectos,
porque hasta dios se equivoca,

se niega el ciego,
porque no conoce su imaginación del todo,

aún se dice del edén,
que promueve una esclavitud
que al final se paga con la vida,

se dice que el cielo no tiene fin,
así mismo el infierno,

así mismo el vicio,
de desquicios lunares,

así mismo todo lo que fluye,
por la sequedad del viento,
por la edad del tiempo,
y la sabiduría del templo astral
en el que todos somos bondad,

no hay vislumbre que opaque al corazón,

porque su razón lo es todo,

cuando cada latido hace eco,
entre paredes inmensas,
entre cimientos de anhelos indescifrables,

la eternidad marcó el compás,
de un último baile,

caen los segundos compartidos,
como montañas de vidas,

caen las almas como la lluvia,
la tormenta ha empezado su jugada,
seremos peones de carne,

ganará el que tenga escudo,
pues todo cuerpo muere mudo,
cuando el habla se desnuda,

perderá el que goce de paz,
pues habrá guerra,
cuando la cabeza de Caronte ruede,
sin consuelo por su río,
hasta los pies de un nuevo cielo,

un nuevo hogar,
para una nueva muerte.
Un alma perdida.

Saludos
 

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