Reflexión 15

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
El destino siempre nos mira
con ojos extirpados,

la muerte nos espera,
la vida nos acorrala,

nos condicionamos tanto,
que sin cuerpo somos alma,
y sin alma somos sombra,
somos la oscura sugestión
de la conciencia,

imploramos sin conocer nuestras palabras,

todo se reduce a un afán por la derrota,

manufacturamos pesadillas
que fueron sueños,
escarbamos debajo de la realidad,
nunca comprenderemos la verdad,
porque el hambre del saber nos domina,

despertares en el viento,
porque lo amargo sabe justo,

porque lo dulce nos atrae,
como vicio del cielo,

alumbran las estrellas desde las alturas,

iluminando cada pozo,

alimentamos a un vacío que amenaza,

cuando el tiempo no sea regla,
cuando la muerte camine disfrazada,
la vida nos matará en cualquier lugar,

no se debe de querer,
si cualquier final nos enmudece,
porque la tierra también se escuda,
se encrudece su suavidad externa,
y caminaremos sin retorno,
entre aquel fuego
que se entendía solo para los pecadores,

no se puede volver,
no sabemos si hay algo más,
no sabemos si hubo un creador,
la vida demuestra su extrañeza,
con la simple complejidad de un nuevo ser,

que se tiñe de sangre viva,

huimos sin historia,
frotamos la victoria,
pero nunca nos concederá un nuevo deseo,

huimos del final,
el inicio nos domina,
creemos en la vida que se nos otorgó,

caeremos como la lluvia,
como cada gota que se cree única,
y lo somos,
solo si caemos en el lugar indicado,

chocamos con el suelo,
con un mar irremediable,

indomable,
de inmensas olas,
y de alturas de profundo reflejo,

al final,
la muerte es solo un destello,

y la vida,
un certero desperdicio.
 
El destino siempre nos mira
con ojos extirpados,

la muerte nos espera,
la vida nos acorrala,

nos condicionamos tanto,
que sin cuerpo somos alma,
y sin alma somos sombra,
somos la oscura sugestión
de la conciencia,

imploramos sin conocer nuestras palabras,

todo se reduce a un afán por la derrota,

manufacturamos pesadillas
que fueron sueños,
escarbamos debajo de la realidad,
nunca comprenderemos la verdad,
porque el hambre del saber nos domina,

despertares en el viento,
porque lo amargo sabe justo,

porque lo dulce nos atrae,
como vicio del cielo,

alumbran las estrellas desde las alturas,

iluminando cada pozo,

alimentamos a un vacío que amenaza,

cuando el tiempo no sea regla,
cuando la muerte camine disfrazada,
la vida nos matará en cualquier lugar,

no se debe de querer,
si cualquier final nos enmudece,
porque la tierra también se escuda,
se encrudece su suavidad externa,
y caminaremos sin retorno,
entre aquel fuego
que se entendía solo para los pecadores,

no se puede volver,
no sabemos si hay algo más,
no sabemos si hubo un creador,
la vida demuestra su extrañeza,
con la simple complejidad de un nuevo ser,

que se tiñe de sangre viva,

huimos sin historia,
frotamos la victoria,
pero nunca nos concederá un nuevo deseo,

huimos del final,
el inicio nos domina,
creemos en la vida que se nos otorgó,

caeremos como la lluvia,
como cada gota que se cree única,
y lo somos,
solo si caemos en el lugar indicado,

chocamos con el suelo,
con un mar irremediable,

indomable,
de inmensas olas,
y de alturas de profundo reflejo,

al final,
la muerte es solo un destello,

y la vida,
un certero desperdicio.
Es cierto, por eso hay veces que debemos afrontar nuestro destino.

Saludos IgnotaIlusión
 

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