José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ráfagas de viento, como risas heladas
cargadas de misterios,
de almas con amanecer de infausto designio
un relámpago brota, serpiente de fuego,
destellos de angustia en un mundo ciego.
La tormenta acecha, cual bestia en la noche,
y el trueno retumba, un violento incidente.
Los árboles tiemblan, la tierra habla sobre río abierto,
un cielo rebelde que la paz viste de horizontes
en espera de turgente siembra.
El cielo se abre, oscuro y sombrío
con un saludo de maldad entre sus nubes
sombras de eco dictando sentencia
sobre inocentes con boca abierta
gimen de impotencia.
El sol, en su lecho,
se asoma con lágrimas en sus ojos,
testigo callado de un cielo tenebroso,
y entre las nubes, surgen miradas,
de ángeles caídos y penas calladas.
Pero en medio de sombras, un rayo de luz,
un rayo fugaz derrota la cruz del llanto,
las nubes se disipan, la maldad se rinde,
y en el alma herida,
la esperanza desnuda al invierno
floreciendo la primavera.
Así, en el ocaso, con miedo y desvelo,
el cielo se abre,
un mágico halo de brisa que ríe
recordando que aun en la tormenta oculta,
la vida renace, su esencia no olvidará jamás
los brotes de vida que en sus brazos marcharon
hacia la otra orilla.
cargadas de misterios,
de almas con amanecer de infausto designio
un relámpago brota, serpiente de fuego,
destellos de angustia en un mundo ciego.
La tormenta acecha, cual bestia en la noche,
y el trueno retumba, un violento incidente.
Los árboles tiemblan, la tierra habla sobre río abierto,
un cielo rebelde que la paz viste de horizontes
en espera de turgente siembra.
El cielo se abre, oscuro y sombrío
con un saludo de maldad entre sus nubes
sombras de eco dictando sentencia
sobre inocentes con boca abierta
gimen de impotencia.
El sol, en su lecho,
se asoma con lágrimas en sus ojos,
testigo callado de un cielo tenebroso,
y entre las nubes, surgen miradas,
de ángeles caídos y penas calladas.
Pero en medio de sombras, un rayo de luz,
un rayo fugaz derrota la cruz del llanto,
las nubes se disipan, la maldad se rinde,
y en el alma herida,
la esperanza desnuda al invierno
floreciendo la primavera.
Así, en el ocaso, con miedo y desvelo,
el cielo se abre,
un mágico halo de brisa que ríe
recordando que aun en la tormenta oculta,
la vida renace, su esencia no olvidará jamás
los brotes de vida que en sus brazos marcharon
hacia la otra orilla.
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